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MADRID, CIUDAD DE MUSICALES

El nacimiento de una nueva tradición
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Por: Ana Mora

Junio 2024

 

 

¿Se trata de la fusión de la interpretación con lenguajes universales como la música y el baile? ¿Del despliegue artístico y escenográfico? ¿Es el deseo de huir de las pantallas y conectar con la vida? ¿Es cuestión de emociones? 

 

Quizás, la suma de todas estas cuestiones responde a la razón que ha propiciado en los últimos años un auge del teatro musical, contribuyendo al éxito de un género que atrae a un número creciente de espectadores, llenando los teatros de un público cada vez más exigente, que ocupa sus butacas en búsqueda de la emoción que despliegan estos universos creados. Así, la ciudad de Madrid se ha convertido en la capital mundial de musicales en castellano, consolidándose como la principal ciudad en la creación y representación de espectáculos de este género en español. Llamada por muchos “el Broadway europeo”, ha llegado a estar a la altura y superar incluso a ciudades como Londres. ¿Asistimos al nacimiento de una nueva tradición que comienza a asentarse?

 

Si hay algo que comparten todos los creadores implicados en la realización de un musical es en reconocer la riqueza expresiva e interpretativa que este género les brinda a través de una gran amplitud de posibilidades artísticas. Se trata de “la suma de la música y el teatro, dos de las artes más antiguas que existen, unidas para crear un nuevo lenguaje hipnotizador” reconoce Inma Cuevas, protagonista del musical ‘Chicago’.

 

“Es una explosión de todas las disciplinas que domino: el cante, la danza y la interpretación”, confiesa Christian Escuredo, protagonista de, entre otras obras, ‘33 el musical’. “En el musical puedo desarrollarme como artista por completo y, de cara al espectador, igual, implica ver a un actor o actriz en su máximo esplendor, algo que además caracteriza a un tipo de artista determinado, pues no todos cantan o bailan”.

 

A este tipo de intérpretes, a menudo se les reconoce como “los actores 360”, reconoce Yolanda Pérez, directora general de la productora Stage Entertainment. Estos intérpretes “son considerados casi dioses, porque son personas que tienen que saber desenvolverse en las tres disciplinas, ¡a la vez en la mayoría de los casos y a la perfección!”.

 

Junto al potencial interpretativo, “el atractivo del musical de gran formato implica un despliegue completo de vestuario, escenografía, es un género que explosiona todo” concluye Escuredo. Por su parte, Habana Castro, intérprete en el musical ‘The Book of Mormon’, afirma que “el conjunto es lo que hace que un musical funcione (técnicos, sastres, caracterizadores, sonido, maquinaria, músicos, actores…) se crea un proyecto completo donde, desde mi punto de vista, no hay nada que envidiar a esta nueva era de las pantallas”.

 

En esta línea, Rafa Castejón, actor de musicales como ‘Los chicos del coro’, así como otros espectáculos de tradición clásica, confiesa “es increíble ver al público como se levantan de sus butacas y bailan y cantan con ‘Mamma mía’, como se emociona con ‘Los chicos del coro’, o la cara de los más pequeños viendo ‘Aladdin’. Es una experiencia que no te puedes perder”.

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En los últimos años, el género musical se ha convertido en una de las elecciones que más triunfan entre los turistas que visitan la capital española. Según compartió el consejero de Cultura, Turismo y Deportes de la Comunidad de Madrid, Mariano de Paco, con Actores y Actrices Revista, “tuvimos el pasado año 2023: 14 millones de turistas”. Teniendo en cuanta que dos de cada cinco personas que visitan la ciudad incluyen en sus planes la asistencia a un musical, puede confirmarse que las artes escénicas se han convertido en un motivo turístico de peso. De hecho, a menudo, precisamente ir a ver un espectáculo musical es la razón principal que atrae visitantes a la capital.

 

Hace trece años, en 2011, ‘El Rey León’ estrenó uno de los grandes hitos que encabezan las propuestas musicales de gran formato, abriendo paso a esta nueva ola. Se trata de un espectáculo que aún alza el telón cada semana en el teatro Lope de Vega de la Gran Vía madrileña, reuniendo a 1500 espectadores por función. Según cuenta Yolanda Pérez, directora de la productora Stage Entertainment Spain, “el musical ya ha superado los 6 millones de espectadores”.

Fenómenos como este al que siguen títulos como: ‘Mamma Mía’, ‘Aladdin’, ‘Anastasia’, ‘Grease’, entre otros muchos, evidencian la apuesta del público por el directo, en la que, precisamente, podría calificarse como la era de las pantallas, del audiovisual y de las plataformas. “Lo que vives en un musical es totalmente imposible trasladarlo a una pantalla” reconoce Yolanda Pérez, “por ejemplo, en cada uno de nuestros musicales, cada día, entre actores, técnicos y músicos hay 200 personas trabajando en directo para cada una de las personas que está sentada en el público; cantando, bailando y tocando, haciendo posible ese espectáculo en directo”. Ahí radica el valor y la magia de este género.

 

Pero no se trata solo de cifras, este mismo interés generalizado entre el público también se percibe desde el propio escenario “hay una necesidad entre la gente de evadirse y disfrutar de un show en vivo, lo vemos cada noche en cómo acaba el público de feliz, nos llegan testimonios de lo mucho que necesitaban ese chute de energía y la alegría que les hemos brindado”, confiesa Pep Guiem, actor de ‘Mamma Mía. El musical’.

Por su parte, Noemí Gallego, actriz en elencos de obras como ‘Billy Elliot. El Musical’ o ‘La historia interminable’, reconoce que, efectivamente, el éxito del musical “ha venido para quedarse”. “Hemos sufrido una pandemia y la vuelta ha sido espectacular. Ahora nos encontramos, aquí en España, con el mayor número de obras de teatro musical en cartel de la historia” afirma la intérprete. “Yo creo que es como todo: cuanta más oferta, más conocimiento del género y más curiosidad para ir a ver teatro musical, lo que aumentará la demanda del público que a su vez llegará a ser más crítico” apunta Gallego. ¿Es este el despegue de una nueva tradición?

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Echando la vista atrás en la línea del tiempo, y poniendo el foco sobre la historia del teatro en España, podría considerarse la zarzuela como antecedente del teatro musical español: espectáculo escénico que también implica todo un despliegue artístico del cante, la interpretación y el baile, junto a la escenografía y el vestuario. En este sentido, Jesús Castejón, protagonista del musical ‘Los chicos del coro’, reconoce que su formación proviene directamente de la zarzuela, una tradición a la que ha dedicado muchos años de su carrera artística. “La zarzuela no es más que un musical con una dificultad lírica añadida por el tipo de canto que es, por lo que la formación del cante y el baile ya la tenía”. 

 

Para Castejón, este género, al igual que el musical, “se vive como una fiesta”, se trata de “un ‘entertainment’, como dicen los ingleses”, pues los hilos narrativos “cuentan con desarrollos que, de principio a fin, conducen hacia la felicidad y no hacia el drama, proporcionando un entretenimiento enriquecedor y único: una función nunca será igual a otra, no se repetirá”. Y así es como sucede en España, según Yolanda Pérez, directora de Stage, efectivamente, las temáticas que triunfan entre el público español son siempre alegres y optimistas: “en España nos gusta mucho pasarlo bien, somos muy “disfrutones” y siempre buscamos musicales que sean un despliegue, que tengan de todo: muy buena música, mucho baile, mucha coreografía”, “que la escenografía y el vestuario sean muy espectacular”, detalla. Además, “nos gustan las cosas muy a lo grande, ¿no? y salir siempre con buen sabor de boca, los musicales que aportan esa alegría son los que verdaderamente funcionan aquí”.

 

Si bien, alzando la mirada más allá del entretenimiento, Jesús Castejón alude a la “tradición del musical”. “Cuando aquí deje de ser un divertimento el teatro musical y sea una tradición, entonces lograremos esa calidad que requiere y el teatro musical será un género reconocido, se irá formando un criterio que todavía no está del todo tan forjado como debería”. Coincide aquí con la intérprete Noemí Gallego, en su voluntad de llegar a equiparar este género con el teatro de texto: “creo que es imprescindible dar a conocer el teatro musical no como un mero espectáculo sino como una obra de teatro donde hay un buen guion y una buena dramaturgia, acompañados con unas composiciones musicales de gran calidad”.

 

A pesar de la novedad, no hay duda de que el género ha despegado a lo grande y el punto de partida es esperanzador. Inma Cuevas se suma al reconocimiento de este desarrollo “como un gran avance en nuestra cultura”. La protagonista del musical ‘Chicago’ o ‘Lavar, Marcar y Enterrar. El musical’ reconoce que “afortunadamente hay artistas muy completos que ya no tienen que luchar por trabajar fuera de España. Tienen la posibilidad de desarrollarse aquí”. “Tenemos grandes profesionales en este país y da mucho orgullo estar entre las capitales con más reconocimiento de teatro musical después de Nueva York y Londres”.

 

Si bien, todo lleva su tiempo, una vez más la tradición requiere asentarse. En opinión de Luis Maesso, actor de musicales como ‘Romeo y Julieta’ de Theatre Properties o ‘The Rhythm of the Nigh’, “aún no hay una cultura del teatro musical como tal, aunque sí hay una industria”. El también cantante y actor del Teatro de la Zarzuela, reconoce que, por ese motivo, el género musical debe seguir potenciándose “en todos los estilos y formatos, para permitir que la cultura del teatro musical germine sin necesitar solamente de una industria que lo sostenga”.

Para que todo género artístico se consolide es necesario construir y asentar las bases desde lo fundamental. Los cimientos bien estables, esto es: formación y educación, que, con el tiempo, se traducirá en bagaje, experiencia y calidad. Una apuesta segura para la creación. “Cuando yo empecé a formarme, a principios de los años 90, todavía no había escuelas específicas para teatro musical, tenías que estudiar interpretación por un lado, canto por otro, danza por otro…”, recuerda Rafael Castejón.

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Actualmente, en paralelo con el auge de estos espectáculos, ha ido conformándose una oferta formativa cada vez más ajustada y perfeccionada, que responde a las necesidades y exigencias de este completo y complejo género. “Creo que la formación reglada además de legitimar la interpretación de teatro musical como profesión, es la principal garantía de que tenga una enseñanza de calidad”, reconoce Pablo Iglesias Simón, consejero del Consejo Superior de Enseñanzas Artísticas y director de la RESAD. “Esto implica que se tengan que cumplir unos estándares para la elaboración de los planes de estudio” que se garantizarán con la recién entrada en vigor nueva Ley de Enseñanzas Artísticas (enlace a la firma invitada).

 

“En los últimos 13 años ha incrementado la demanda de formación en teatro musical en Madrid”, señala Cristina Bernal, profesora del área de Interpretación en el Teatro Musical de la RESAD. “Cada año hay más aspirantes en las pruebas de acceso que vienen con muy buena preparación y siendo muy conscientes de lo que quieren”. Cristina detalla que la formación de esta modalidad escénica apunta al “dominio de tres disciplinas”: además de una buena técnica de canto, “especialmente de canto moderno: belting, jazz, pop, rock...”, una formación en danza, “saber defenderse en los estilos más comunes del musical: jazz, claqué, hip-hop…”, y, lo más importante, “dominar diferentes técnicas interpretativas para poder afrontar cualquier estilo”, pues “la interpretación es el pañuelo que recoge al canto y la danza, sin ella no es posible la integración de disciplinas”. De hecho, según cuenta Bernal, hasta hace poco, prevalecía el canto o la danza frente a la interpretación, “afortunadamente, cada vez hay más intérpretes con buena preparación y las grandes productoras se hacen eco de ello”. “La cartelera madrileña está llena de musicales de mediano y pequeño formato, y una gran parte de ellos son de nueva creación”.

Por su parte, Víctor Ullate Roche, director de Sing and Dance Proyect, escuela que cuenta con un ‘Programa de Alto Rendimiento en Teatro Musical’, reconoce que, para él, “un estudiante debe formarse bien para poder abarcarlo todo y por muchos años”. “Les enseñamos a tener una disciplina en todo lo que hagan y sobre todo desde la humildad y el respeto a todos los sectores y estilos para que nunca dejen de aprender”, apunta.

 

Así, los elencos de obras musicales cuentan con profesionales cada vez más cualificados, jóvenes que dedican su vida a formarse, reconociendo este aprendizaje como una carrera de fondo. “De repente te piden que hagas algo que tienes oxidado como el claqué, la acrobacia o la esgrima y tienes que prepararte de nuevo, o tienes que formarte de cero para manipular marionetas, rapear o cantar de una manera diferente para asistir a una audición”, reconoce Luis Maesso. “Aquí no hay meta, no hay fin de carrera, siempre estás corriendo”. “Se trata de un trabajo que siempre te aporta nuevos retos a los que enfrentarte, lo que lo hace muy satisfactorio”, confiesa Patricia Carlos de Vergara, protagonista de ‘El tiempo entre costuras, El musical’.  

 

En este sentido, los intérpretes reclaman unas condiciones laborales a la altura de su cualificación, un trabajo que sea recompensado. “Ha sido un gran alivio ver que se apuesta por el género en España, ya que hasta hace bien poco no era tan sencillo plantearse vivir de esto en nuestro país”, reconoce Patricia Carlos de Vergara. Pero, aunque haya más producciones en cartel, “no podemos confundir cantidad con calidad, y eso se ve claramente afectado por las condiciones laborales bajo las que trabajan todos los miembros de un elenco, músicos y un equipo técnico”, afirma la intérprete. Pep Guillem, por su parte, resalta la comparativa que se hace de la calidad del género musical español, igualándolo con otros líderes mundiales como West End o Broadway: “a nivel internacional se nos compara con estos dos pero, en cuanto a condiciones se trata, considero que estamos a años luz”, reconoce.

“Creo que las empresas están empezando a darse cuenta de que el cuidado de los trabajadores es fundamental y cada vez hay más conciencia de la enorme exigencia a la que los artistas de teatro musical se ven expuestos a nivel vocal, físico, emocional...”, apunta Luis Maesso. “Si lo comparas con un foco, por ejemplo, tienes que saber que, si mantienes un foco encendido demasiado tiempo y a demasiada intensidad sin enfriarlo, al final se funde y puede llegar a suponer la cancelación de una función. El material tiene que ser protegido, cuidado y usado como corresponde. Con los trabajadores pasa igual, y creo que es ahí hacia donde tienen que ir las mejoras”, explica.

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También desde la dirección el trabajo musical implica todo un despliegue artístico: “hay que ponerle mucha magia y sobre todo hay que poner de acuerdo a un gran equipo de profesionales”, confiesa Juan Luis Iborra, quien ahora se encuentra inmerso en la dirección del montaje del nuevo proyecto ‘Buscando a Audrey. El musical’. “Hay que compartir ese sueño con el escenógrafo, con el coreógrafo, el director musical, el encargado del diseño del vestuario”, y es, precisamente “ese momento de creación colectiva lo que hace que todo funcione”. De hecho, ahí residía el gran desafío que para Iborra supuso la dirección de ‘Los chicos del coro’: “el miedo de enfrentarme a un musical de gran formato con muchísimos niños, 70 (con cinco repartos distintos), fue un gran reto que se convirtió en algo absolutamente mágico y maravilloso”. Y es que, según cuenta, “el temor de trabajar con tanto niño desapareció cuando los conocí. Me convertí en un niño más y así logré su confianza y, lo más importante que me ha pasado en mi vida, su cariño”. “El trabajo de dirección de un gran número de profesionales es complejo, pero a la vez enriquecedor. Uno debe tener la visión global de todo el número y, cuando lo tienes, puedes comenzar a dividirlo en bloques para centrase en momentos concretos y después unirlos poco a poco todos. Es más minucioso”, explica desgranando el proceso de montaje de un musical.

 

 

A menudo, esta es la naturaleza de un número musical: elencos bastante numerosos donde cada pieza suma y es imprescindible. Se trata de creaciones compuestas de creatividades múltiples. “En los elencos de musicales, al ser tan numerosos, se generan vínculos muy fuertes. Es muy bonito y positivo ver cómo el individualismo está desapareciendo en los elencos más jóvenes. Cada vez veo menos egos y más colaboracionismo”, reconoce Maesso. “Es muy rico el intercambio personal y profesional que se produce en estos montajes con tanta gente y si eres un buen observador aprendes mucho”, apunta Rafa Castejón. Más allá del trabajo en equipo, algo intrínseco a la naturaleza de la profesión del intérprete en la que sin el otro no se es nada, Noemí Gallego reconoce que, “si además le sumamos que estamos trabajando con las emociones, todos los valores humanos se intensifican, como la empatía y la unión para sacar el proyecto adelante”.

 

Por su parte, Patricia Carlos de Vergara insiste en seguir explorando las posibilidades que ofrece el género y expandirlo hacia la creación propia, “ir más allá de franquicias de películas conocidas”, “confiar en el espectador y enseñarle propuestas más arriesgadas y con un trasfondo más interesante”; algo en lo que coincide con Pablo Iglesias Simón, quien propone que “debería potenciarse una mayor presencia de musicales actuales de creación propia, que hablen del ahora”, “que se diversifiquen los géneros y los temas tratados, para apelar a un público más plural y que se dé cabida a apuestas más experimentales”. Arriesgarse, atreverse y apostar por la creación y la (re)invención en un género que parece asentarse en nuestro país, enarbolando la bandera de una nueva tradición. Una tradición que ha de ser puesta en valor, cuidando cada pieza que la conforma. No olvidemos que sin protagonistas no hay función. En palabras de Inma Cuevas, “estamos cada vez más concienciados de que la cultura nos salva y el arte nos da la posibilidad de expandirnos como seres humanos”.

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 Texto - Ana Mora

Diseño web - Alfonso Gómez

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