Hoy el Teatro María Guerrero no ha sido solo un escenario, sino un lugar de reunión, de escucha y de conciencia compartida. El patio de butacas se ha ido llenando poco a poco de actores y actrices de distintas generaciones, trayectorias y procedencias; rostros conocidos y compañeros que empiezan, voces veteranas y miradas nuevas. Una imagen que, por sí sola, decía mucho: la profesión acudiendo a pensarse a sí misma.
Convocada por la Unión de Actores y Actrices, la asamblea abierta ha reunido a intérpretes, representantes y profesionales del sector en una jornada de reflexión y debate en torno a uno de los mayores desafíos actuales para nuestro trabajo: la inteligencia artificial y sus implicaciones sobre nuestros derechos, nuestra imagen y nuestra voz.
Desde la Unión hemos querido que esta asamblea fuera abierta, más allá de la afiliación. Porque lo que está en juego afecta a toda la profesión. La IA ya no es una hipótesis futura, sino una realidad que impacta en la interpretación, en la gestión de nuestros derechos y en la manera en que se produce y se concibe la cultura.
El teatro se llenó con un clima de atención y compromiso. No era una cita protocolaria, sino un espacio seguro para compartir dudas, experiencias y propuestas. Desde el inicio se percibía la necesidad de hablar, de escuchar y de entender colectivamente qué está ocurriendo y qué queremos que ocurra.
Abrió el encuentro nuestra secretaria general, Silvia de Pé, quien subrayó el carácter decisivo de este momento para la profesión y agradeció la presencia y la implicación de quienes acudieron: "Es para mí un honor daros la bienvenida a esta asamblea de la profesión. Gracias a la afiliación por apostar por el compromiso para poder tener una Unión fuerte, con un equipo comprometido y la capacidad de llevar a cabo estos proyectos clave para toda la profesión".
También la secretaria general ha recordado los últimos éxitos de la Unión: "Hemos conseguido cuestiones fundamentales como que se pague la promoción, el trabajo de menores, la coordinación de intimidad y la primera limitación sobre el uso de la IA en las producciones". Daba paso a Daniel Albaladejo, miembro de la Junta de Gobierno de la Unión, no sin antes hacer hincapié en el camino que queda por delante: "No os quepa duda de que no vamos a bajar los brazos hasta que la reforma esté publicada en el BOE, hasta tener las medidas definidas en convenio y que todo lo aprobado sea realidad en rodajes y teatros".

Ignacio Martín Pina, responsable institucional de la Unión; Silvia de Pé, secretaria general de la Unión, y Daniel Albaladejo, miembro de la Junta de Gobierno de la Unión.
Daniel Albaladejo ha abordado la situación actual del Estatuto del Artista y el desarrollo del Real Decreto, poniendo el acento en la necesidad de que se continúe con la tramitación y se garantice una regulación clara que proteja a la profesión. "El decreto es el Estatuto de los Trabajadores Artísticos, y lo que ahora vivimos es nuestra reforma laboral, una reforma buena, que nos permite negociar desde una mejor situación". Albaladejo apuntaba también, haciendo referencia a la obligación de contar en la jornada laboral no solo el trabajo ante el público, sino también actos preparatorios, posproducción y promoción: "Respetar la profesión es también defender que cada minuto de trabajo debe ser reconocido". Tras ello, se ha abierto una primera ronda de preguntas que ha dado paso a un intercambio intenso y enriquecedor, reflejo de la inquietud existente en el sector.
Por su parte, Ignacio Martín Pina, responsable institucional de la Unión, ha profundizado en los riesgos derivados de la ausencia de una regulación específica y ha puesto palabras a una inquietud que atraviesa al sector y recordando que la tecnología no puede avanzar sin contar con las personas que sostienen la profesión. "La IA en España ha superado el 40% de implantación: es una tecnología del hoy, no del futuro, por eso, ante los usos que ponen en riesgo el trabajo de los y las intérpretes, no hacer nada no es una opción".
Además, señalaba cómo otros países cuentan con regulaciones, no solo Estados Unidos, sino también en Europa, como Alemania e Italia y que "la tecnología no es el problema; perseguimos garantizar el derecho del actor y de la actriz para decidir en qué proyecto participar, sin que les dupliquen, y también el derecho a reconocerse en sus trabajos".


La asamblea dejó una sensación clara: la tecnología forma parte de nuestro tiempo, pero la defensa de la dignidad, el trabajo y la creación artística también. Y esa defensa solo puede hacerse en común.
Tras más de un año de esfuerzos, formaciones y negociaciones constantes, la posición de la Unión sigue siendo transparente y firme: queremos decreto, queremos límites a la Inteligencia Artificial y queremos una regulación específica en el convenio colectivo.
El avance tecnológico debe ir acompañado de normas justas, de consentimiento expreso y de remuneración adecuada. Y, si ese avance se detiene en los despachos, la profesión ha dejado claro que sabrá organizarse y movilizarse para defender sus derechos.
Lo que se vivió en el María Guerrero fue la constatación de que existe una conciencia colectiva despierta y una voluntad de actuar. Porque después de cuarenta años de espera, y en medio de un cambio tecnológico que transforma por completo nuestra actividad, la profesión ha decidido que no puede ni quiere esperar más.





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