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DOMINICK

LUQUER

Secretario General de la Federación Internacional de Actores (FIA)

"La FIA va de fuerza compartida, apoyo mutuo y responsabilidad colectiva."

Por: Fátima L. Ortiz

Marzo de 2026

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Abogado de formación y secretario general de la Federación Internacional de Actores (FIA) desde 2001, Dominick Luquer lleva más de dos décadas impulsando la organización colectiva de actores y actrices a escala global. Al frente de una red internacional de sindicatos y gremios, ha sido testigo directo de cómo la digitalización, las plataformas y la inteligencia artificial han transformado profundamente el trabajo artístico, a menudo debilitando derechos y agravando la precariedad. Frente a ese escenario, Luquer lo tiene claro: “la solidaridad internacional no es un lujo: es una necesidad”, especialmente cuando las decisiones que afectan a la profesión se toman cada vez más lejos de los escenarios y los platós.

En esta entrevista, Dominick Luquer defiende la unidad sindical como la herramienta más eficaz para equilibrar el poder frente a grandes conglomerados del entretenimiento y para garantizar condiciones de trabajo justas en un mercado globalizado. Desde la negociación colectiva y la defensa del estatus laboral de las personas intérpretes hasta los desafíos que plantea el uso de la IA y el “clonaje” digital, el secretario general de la FIA reivindica la fuerza de una voz común: “la unidad es la victoria; la división, el fracaso”. Una conversación sobre acción colectiva, derechos laborales y el futuro del trabajo artístico.

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Para quienes no conocen la FIA, ¿cómo explicarías de forma sencilla qué es y para qué sirve?

La FIA es la voz sindical global de intérpretes de cine, televisión, teatro y medios grabados. Somos una federación sectorial que articula sindicatos y gremios en todo el mundo. Trabajamos para proteger los derechos profesionales, económicos y morales de los intérpretes: luchar por remuneración justa, condiciones dignas, negociación colectiva y frente a desafíos como digitalización e inteligencia artificial. También defendemos diversidad cultural y libertad de expresión, y ejercemos solidaridad internacional cuando nuestros afiliados lo necesitan. La FIA no afilia a artistas individuales: nuestros miembros son sindicatos y gremios nacionales. Eso asegura que las voces de los intérpretes se escuchen y se tomen en serio globalmente

Desde tu experiencia, ¿qué puede ganar un sindicato nacional cuando pasa a formar parte de una red internacional como la FIA?

Afiliarse es una decisión voluntaria, basada en un objetivo compartido: el compromiso de reforzar - y alimentar activamente - la voz colectiva del trabajo de las personas intérpretes, más allá de las fronteras nacionales. Por eso, la implicación activa de los afiliados mantiene nuestro trabajo afilado, relevante y conectado con la realidad cotidiana a la que se enfrentan las personas intérpretes.

Defendemos a nuestros miembros en foros como la OMPI, la OIT y la UNESCO, y reunimos periódicamente a los afiliados para intercambiar información, experiencias y herramientas prácticas. También apoyamos a regiones donde los intérpretes luchan por organizarse colectivamente. En resumen: fuerza compartida, apoyo mutuo y responsabilidad colectiva. Un sindicato conectado internacionalmente está mejor preparado para lograr avances y apoyar a sus miembros en el extranjero.

En un contexto globalizado, ¿por qué es importante que los intérpretes tengan representación más allá de sus fronteras?

Porque el trabajo y las decisiones que lo moldean no se quedan en la frontera. Los intérpretes son trabajadores móviles en un mercado integrado, y muchas normas se deciden a nivel europeo o global.


La FIA actúa en organismos internacionales como la OMPI, donde logró que el Tratado de Beijing fijara un estándar mínimo global para los derechos económicos y morales de los intérpretes audiovisuales. Esto protege a los intérpretes más allá de Europa y es clave frente a empresas multinacionales que buscan explotar sistemas legales entre países. La solidaridad internacional no es un lujo: es una necesidad.

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Actuar es trabajo, los intérpretes son trabajadores, y los derechos laborales no desaparecen mágicamente solo porque el oficio implique un guion, un foco o una cámara.

¿Cuáles son las prioridades actuales de la FIA para fomentar la colaboración entre sindicatos de distintos países?

La colaboración no surge sola: hay que impulsarla, cuidarla y a veces darle un empujón. Reunimos a los afiliados en reuniones, grupos de trabajo y congresos, abordando temas como diversidad, igualdad racial, discapacidad, inteligencia artificial y formación de jóvenes intérpretes.

 

Un ejemplo claro: la IA y el doblaje. Ahora mismo estamos facilitando activamente conversaciones transfronterizas para asegurar que las preocupaciones de las personas intérpretes de doblaje fuera de Estados Unidos se escuchen con claridad y se aborden por parte de nuestro afiliado estadounidense en la próxima ronda de negociaciones sobre localización impulsada por IA. Esto es cooperación internacional en su forma más concreta: a veces desordenada, a menudo técnica y siempre absolutamente necesaria. No siempre fue un camino de rosas, pero ya hay suficientes peleas esperándonos fuera; no hace falta inventarlas dentro.

La prioridad es crear confianza y espacios para actuar juntos: cuando los intérpretes se enfrentan a desafíos globales, la fuerza colectiva no es una opción más, es la única que funciona. 

¿Qué avances recientes ha logrado la FIA en materia de derechos laborales para los actores en distintas regiones del mundo?

A las personas intérpretes muchas veces no se las toma en serio precisamente porque son artistas. Muchas se identifican con orgullo de esa manera - y con razón - pero quienes hacen políticas públicas tienen la mala costumbre de escuchar “artista” y traducirlo mentalmente como “pasatiempistas”. Y cuando se piden protecciones sociales o derechos laborales básicos, se pasa por alto, como si las personas intérpretes no tuvieran alquileres que pagar, familias que sostener o el pequeño inconveniente de envejecer.

Una parte importante del trabajo de la FIA es señalar eso y cambiar el relato. No solo en las instituciones donde hacemos incidencia, sino también dentro de nuestras propias filas. Hemos logrado legislaciones de estatus del artista en Colombia, Argentina y Marruecos, y en Europa se permite a intérpretes autónomos negociar tarifas mínimas sin ser tratados como un cártel. En Sudáfrica, apoyamos la extensión de beneficios mínimos sin vínculo laboral reconocido. El progreso es lento y rara vez es glamuroso, pero región por región, el mensaje por fin está calando: actuar es trabajo, las personas intérpretes son trabajadoras, y los derechos laborales no desaparecen mágicamente solo porque el oficio implique un guion, un foco o una cámara.

La irrupción de la inteligencia artificial y el uso de la imagen digital están cambiando el panorama del audiovisual. ¿Cómo puede proteger la FIA los derechos de los intérpretes frente al “clonaje” digital?

La IA no es tan nueva. La IA generativa sí lo es, y ahí es donde empieza el verdadero lío. Por primera vez en la historia, las máquinas no solo copian: generan nuevos contenidos. Aunque, ojo, copiar sigue siendo el corazón del modelo: los sistemas de IA generativa se entrenan con conjuntos de datos gigantescos, llenos de obras creativas hechas por personas a las que nunca se les pidió permiso y nunca se les pagó.

Pero lo que también preocupa - y mucho - a quienes actúan y crean es la capacidad de la IA generativa para replicar su cara, su voz y su imagen, o incluso para lanzar “intérpretes” totalmente sintéticos, como Tilly Norwood. Los riesgos son evidentes: robo de imagen, pérdida de trabajo y deepfakes capaces de arruinar una carrera en cuestión de segundos. Esta es la pelea del siglo, y está brutalmente desequilibrada.

No podemos luchar solos, pero nuestros afiliados negocian límites claros basados en consentimiento, transparencia, control y remuneración justa. Buscamos más responsabilidad en derechos de autor, etiquetado del contenido generado y protocolos de reserva de derechos. La revisión del marco europeo permitirá aclarar que entrenar IA con obras creativas no equivale a derechos de reproducción. Queremos proteger la imagen, la voz y la identidad frente a suplantaciones digitales.

En los últimos años hemos visto un fortalecimiento del movimiento sindical en el sector audiovisual, con huelgas en EE. UU. y reivindicaciones en varios países. ¿Cómo ves el papel del sindicalismo artístico en el contexto actual de precarización y plataformas?

El sindicalismo en audiovisual siempre ha sido fuerte: compartimos identidad y complicidad, y eso genera fuerza colectiva. Movimientos como el #MeToo lo demostraron: cuando nos unimos, cambiamos las reglas del juego. Durante años, el sindicalismo artístico ha cargado con una imagen un poco rancia, nada seductora para generaciones más jóvenes criadas a base de velocidad, plataformas y comunicación instantánea. A eso súmale leyes laborales y normas de competencia obsoletas, que nunca supieron muy bien qué hacer con el trabajo freelance e intermitente, y tienes una representación colectiva muchas veces obligada a pelear con una mano atada a la espalda.

 

La reciente huelga en EE. UU. fue un punto de inflexión: masiva, visible e imposible de ignorar. Mostró cómo puede ser el sindicalismo moderno cuando se hace bien: organizando a toda la fuerza laboral, usando herramientas de comunicación actuales, movilizando eficazmente a sus miembros e incluso sumando a influencers que, por solidaridad, se negaron a promocionar trabajos afectados por la huelga. ¿El resultado? Victoria sindical y una lección cristalina: la unidad es la victoria; la división, el fracaso.

Los sindicatos de intérpretes no pueden permitirse vivir de las glorias del pasado. Necesitan modernizar su forma de comunicar, abrazar lo digital, encontrarse con las personas intérpretes allí donde realmente trabajan y tender puentes entre divisiones políticas y generacionales. Cada persona intérprete tiene que sentir que el sindicato es “su” sindicato: un espacio donde tiene voz, puede influir en las prioridades y participar, ya sea mucho o poco.

Eso implica también hacerse preguntas incómodas todo el tiempo: ¿dónde trabajan hoy las personas intérpretes? ¿En qué condiciones? ¿Quién sigue quedándose fuera - y cómo lo incorporamos? Al igual que las y los intérpretes, sus sindicatos siempre han sabido adaptarse. La diferencia ahora es la velocidad. El cambio va más rápido, las plataformas tienen más poder y la economía de los bolos está integrada en el modelo de negocio. Afrontar esta realidad exige sindicatos flexibles, proactivos y sin miedo a lo nuevo, sin soltar nunca lo único que sigue marcando la diferencia: la fuerza colectiva.

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Ya no hay una industria americana o española, cualquier película o serie necesita tener un concepto global, aunque sea un presupuesto grande o pequeño, las fronteras han desaparecido

    La reciente huelga en EEUU mostró una victoria sindical y una lección cristalina: la unidad es la victoria; la división, el fracaso. 

¿Qué iniciativas está impulsando la FIA para combatir la discriminación por género, raza, discapacidad o edad en el sector audiovisual y escénico?

En la FIA, la diversidad no es solo una casilla: es un tema laboral de fondo. Trabajamos con afiliados para que la igualdad de género, racial, étnica, discapacidad, edad u orientación sexual se aborde como acceso al trabajo, seguridad y justicia. Apoyamos estrategias adaptadas a cada realidad, compartimos buenas prácticas y amplificamos la voz de intérpretes marginados. Desarrollamos guías prácticas sobre cuidado de piel y cabello, sensibilidad étnica en casting, protección frente al acoso y salvaguarda de menores. Afiliarse a la FIA implica compromiso con la igualdad y justicia, y esperamos que se traduzca en acción sindical concreta. La diversidad en la FIA no es marketing. Es poder de negociación, seguridad en el trabajo y dignidad laboral. Y la tratamos como tal.

 

España tiene particularidades laborales muy concretas dentro de las artes escénicas y audiovisuales. ¿Cómo puede la FIA ayudarnos a afrontar esos retos propios?

 

¡Pues implicándoos a fondo! La FIA solo funciona de verdad si los afiliados nos ayudan a entender qué hace única su situación. Eso significa compartir vuestros retos y tirar de la federación en su conjunto para pedir consejo. Ya sea apoyo en negociaciones, acciones sindicales o esos marrones de política pública que nadie quiere tocar, cuanto más actuamos en común, mejor entendemos nuestras diferencias… y mejor las superamos. Y ojo, que esto no va en un solo sentido. La Unión de Actores y Actrices tiene un conocimiento brutal y una experiencia ganada a pulso que puede ser súper valiosa para otros afiliados en todo el mundo. Liderar con el ejemplo no es solo algo que se anime a hacer: es, literalmente, como avanza la federación.

Porque realidad en mano: la FIA no es una sede lejana que se encarga de todo el trabajo duro. La Secretaría somos cuatro personas. No llevamos la federación: la llevan sus miembros. Son quienes aportan el saber hacer, las estrategias y las lecciones aprendidas —qué funcionó, qué no y por qué—. Esa inteligencia compartida es lo que nos evita reinventar la rueda cada dos por tres. Así que piensa en la FIA menos como un mostrador de atención y más como un cerebro colectivo. Cuando los afiliados aportan, todo el mundo gana. No avanzamos duplicando esfuerzos: avanzamos subiéndose unas personas a los hombros de otras y mirando más lejos, juntas.

 

¿Cuál es el papel real de la FIA en las negociaciones y convenios?

Aclaremos algo desde el principio: la FIA no negocia convenios colectivos. Eso lo hacen nuestros afiliados. Lo que sí hacemos es asegurarnos de que no negocien a ciegas. La FIA apoya a los afiliados compartiendo ejemplos concretos de lo que funciona en otros lugares: cláusulas reales, estrategias probadas y resultados tangibles. Todo eso sirve para poder plantarse cuando la industria dice que lo que está ofreciendo “es el estándar internacional”.

Hemos desarrollado guías prácticas basadas en distintos modelos sindicales, incluso sobre IA y SVOD. ¿Están siempre perfectamente actualizadas? No. Las cosas van a toda velocidad, sobre todo en el ámbito tecnológico. Pero nos dejamos la piel para modernizar estas herramientas, mantenerlas relevantes y ponerlas a disposición en el mayor número posible de idiomas, porque en la mesa de negociación la información es poder.

Y cuando la negociación se convierte en conflicto laboral, la FIA cambia de marcha y entra en modo solidaridad. Un buen ejemplo es la huelga de SAG-AFTRA. El apoyo internacional de los sindicatos de intérpretes de todo el mundo no fue un gesto simbólico: fue clave. Saber que otras personas intérpretes, a miles de kilómetros, estaban de tu lado da fuerza. Te recuerda que no estás luchando solo por ti, sino por algo más grande, algo que va a marcar las condiciones de trabajo en una industria globalizada. Las victorias que se consiguen en un sitio rara vez se quedan solo allí.

Además, la solidaridad tiene efectos muy concretos. La FIA ayuda a evitar que las empresas simplemente se vayan a buscar talento más barato cuando la cosa se pone incómoda. Canadá es un buen ejemplo. Allí, las personas intérpretes de medios grabados estuvieron más de dos años en lockout porque las agencias de publicidad se negaban a negociar un convenio sindical. ¿La alternativa obvia para las empresas? Estados Unidos: mismo idioma, al lado. Pero a través de la FIA, los afiliados estadounidenses dieron un paso al frente, informaron a sus miembros y dejaron claro que aceptar trabajo publicitario en Canadá socavaría directamente a sus colegas canadienses. Esa solidaridad marcó la diferencia. Poco a poco, ACTRA ha ido recuperando su jurisdicción, y cada vez más agencias están volviendo a los convenios sindicales.

Ese es, en pocas palabras, el papel de la FIA. No sustituimos a los sindicatos nacionales: los reforzamos. Compartimos información, multiplicamos la capacidad de presión y estamos codo con codo cuando de verdad importa. A veces no es suficiente. Pero muchas, muchísimas veces, sí lo es.

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El Hobbit: Un viaje inesperado (2012)

La solidaridad sigue siendo nuestra herramienta principal y funciona: un ejemplo es El Hobbit, cuando quedó claro que se estaba contratando a intérpretes de Nueva Zelanda sin contrato sindical y con cesiones de derechos.

¿Qué estrategias está desarrollando la FIA para mejorar la negociación colectiva internacional con grandes conglomerados del entretenimiento y las plataformas de streaming, que operan más allá de las fronteras nacionales?

No hay varita mágica. La FIA no negocia directamente con las plataformas, como acabo de explicar, y aunque lo hiciera, un único acuerdo global nunca reflejaría las realidades legales, industriales y culturales tan dispares en las que operan estas empresas. Nuestra estrategia va de tiempos, presión y solidaridad.

Podemos poner a las empresas contra las cuerdas donde y cuando se produce, y cuanto antes, mejor. Demasiadas veces los sindicatos se enteran de grandes producciones internacionales cuando el elenco principal ya está cerrado. En ese punto, el margen de presión es mínimo y mejorar las condiciones de las personas intérpretes locales se vuelve una pelea cuesta arriba. Tener información a tiempo lo es todo.

Donde sí tenemos fuerza es a través de afiliados que ya mantienen relaciones establecidas con estas empresas. Cuando aparecen dobles estándares descarados —contratos sindicales para intérpretes internacionales de alto perfil, y al mismo tiempo cesiones de derechos y condiciones flojas para las personas intérpretes locales— fomentamos la presión coordinada más allá de las fronteras. No hay megáfono más potente que varios sindicatos hablando a la vez.

Y sí, la solidaridad sigue siendo nuestra herramienta principal. Y funciona. Un ejemplo clásico es El Hobbit. Cuando quedó claro que Warner Bros. estaba contratando a intérpretes en Nueva Zelanda sin contrato sindical y con cesiones de derechos, mientras el talento internacional de la misma producción se beneficiaba de convenios sindicales, pagos residuales y regalías, el grupo angloparlante de la FIA respaldó un boicot de alto riesgo y alta visibilidad. ¿Fue el momento perfecto? Probablemente no. El elenco internacional principal ya estaba contratado y no podía retirarse legalmente. Pero aun así importó.

Esa demostración de solidaridad internacional puso el foco exactamente donde hacía falta: en la situación de las personas intérpretes de Nueva Zelanda y de su sindicato. Reforzó procesos de organización local que llevaban años en marcha dentro de una fuerza laboral fragmentada. Tras muchas batallas duras, ese sindicato es hoy uno de los más fuertes del país, con una afiliación sólida y una presencia muy activa y combativa.

Esa es la estrategia real: construir poder de forma colectiva, dejar en evidencia los dobles estándares, actuar a tiempo y mantenerse unidas y unidos cuando de verdad cuenta. Puede que no negociemos contratos globales, pero sí podemos hacerles mucho más difícil a las empresas globales dividir, precarizar y salirse con la suya en silencio.

 Texto por Fátima L. Ortiz

Diseño web por Alfonso Gómez

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