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EL BOOM

DE LAS SERIES

DE ÉPOCA

Un refugio frente

al presente.

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Por: Fátima L. Ortiz

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Octubre de 2026

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Entre la evasión, la memoria y el atractivo de otros mundos, la ficción de época sigue encontrando su lugar en las pantallas. Pero ¿qué buscamos realmente cuando viajamos al pasado?

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Hay algo profundamente atractivo en ver cómo se levanta una ciudad que ya no existe, cómo se viste una mujer que vivió hace un siglo o cómo se reconstruye una casa en la que nunca estuvimos. Las series de época nos permiten entrar en esos mundos durante unas horas y, por un momento, dejar atrás el nuestro. Pero su éxito no se explica únicamente por los vestidos, los decorados o la belleza de las imágenes. También tiene que ver con la posibilidad de contar historias que, aunque sucedan en otro tiempo, siguen hablando de nosotros.

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En los últimos años, la ficción española ha encontrado en el pasado un escenario especialmente fértil. Desde las grandes producciones hasta las series diarias, pasando por el true crime y el biopic, son muchas las historias que han decidido mirar atrás. Y, aunque pueda parecer que estamos ante una moda, las razones de este auge son más complejas: hay una búsqueda de evasión, una forma de revisitar nuestra historia y, también, una oportunidad para hablar de conflictos que siguen muy presentes.

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Para Zoe Bonafonte, que participa en la serie Manual para señoritas, ambientada en el Madrid de 1880, una de las claves está en el deseo de contemplar algo diferente. “Yo creo que la gente quiere ver algo bonito, para empezar”, explica. Las épocas pasadas, añade, tienen algo que nos traslada a otro mundo y nos aparta de lo cotidiano. No se trata solo de mirar una historia, sino de entrar en un universo que, por su distancia, resulta casi imposible de imaginar.

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Esa idea de la evasión aparece también en las palabras de Manuela Velasco, que participó en Velvet y Valle Salvaje. La actriz habla de una época en la que hay “quizá demasiada realidad” y de cómo irse a otro tiempo puede funcionar como un descanso. “Creo que hay una evasión estética, algo que te compromete menos, con las emociones, pero no es como que sea tu vida”, señala.

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Manuela Velasco en 'Velvet'

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Zoe Bonafonte en 'Manual para señoritas'

 

En ese sentido, las series de época pueden convertirse en un refugio. Velasco recuerda que una chica joven le definió Velvet como su “serie de confianza”: aquella que se pone cuando tiene un día malo o triste. Más allá de la trama, existe una especie de descanso estético que permite desconectar sin dejar de sentir. Pero esa evasión no significa necesariamente que el espectador quiera alejarse de cualquier conflicto. De hecho, muchas de las historias que se sitúan en el pasado utilizan esa distancia para hablar de asuntos que siguen muy presentes.

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La ficción de época tiene una ventaja narrativa evidente: permite colocar a personajes con problemas reconocibles en circunstancias que hoy nos resultan extrañas. Y es precisamente ese contraste el que puede hacer que una historia cobre una fuerza especial.

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Daniel Albaladejo, que trabaja en la serie diaria Sueños de libertad, considera que el auge puede responder a modas o ciclos, pero también a la necesidad de revisitar nuestras propias historias. “Genera circunstancias muy dramatizables el ver personajes que habitualmente son comunes de ver hoy día, pero que en otras épocas no”, explica.

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En Sueños de libertad, la historia se centra en el empoderamiento femenino en la España de los años 50. El pasado, en este caso, no es solo un decorado: es el espacio que permite mostrar qué ocurre cuando alguien intenta abrirse camino en un mundo que todavía no le ofrece las mismas posibilidades.

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Algo parecido sucede con el trabajo de Zoe Bonafonte en Manual para señoritas. La actriz cuenta que, para preparar su personaje, investigó a Concepción Arenal, una mujer pionera en el acceso a la universidad y en la defensa de los derechos de las mujeres. Leer sus obras y descubrir que algunos de sus discursos se parecen tanto a los que seguimos defendiendo hoy le hizo replantearse la imagen que tenía de las mujeres de otras épocas. “Yo tenía una idea muy arcaica de las mujeres de época”, reconoce.

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Si algo demuestra la variedad de estas producciones es que no existe una única manera de hacer una serie de época. Puede ser una historia romántica, una comedia, un drama familiar o un thriller. Puede buscar el entretenimiento o la reflexión. Y, en ocasiones, puede combinar varias de esas cosas.

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'Manual para señoritas'

 

Tristán Ulloa, que también participa en Manual para señoritas o en El tiempo entre costuras, entre otras, y que “rizando el rizo” también ha hecho un true crime de época, admite que él no suele plantearse sus trabajos desde el género. Lo que le interesa es la historia y el personaje: si lo ve, si le apetece interpretarlo, si encuentra algo que le atraiga. Por eso, aunque ahora haya coincidido que ha trabajado en varios proyectos de un mismo tipo, no considera que deba rechazar algo solo porque se parezca a lo que ha hecho antes.

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Su reflexión sirve también para entender que el boom no es necesariamente una estrategia uniforme. Las producciones pueden coincidir en el tiempo, pero detrás de cada una hay decisiones creativas distintas. Y, como señala Lola Marceli, vinculada a La Moderna, muchas veces las decisiones vienen de las cadenas o las plataformas, que atraviesan ciclos en los que apuestan por un tipo de ficción u otro. En el caso de las series diarias, además, la ambientación histórica puede resultar especialmente útil para construir historias que se prolongan en el tiempo.

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Lola Marceli en 'La moderna'

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Tristán Ulloa en 'Manual para señoritas' 

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Daniel Albaladejo en 'Sueños de libertad'

 

Hay otro elemento que explica parte de esta fascinación: la curiosidad. Las series de época nos permiten acercarnos a formas de vida que ya no existen, a lugares que han cambiado y a personajes que pertenecen a otro contexto. Esa distancia puede resultar especialmente estimulante cuando la producción consigue que el espectador se sienta dentro de ese mundo.

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De nuevo en cuanto a Manual para señoritas, el director Carlos Sedes destaca la diversión que supuso rodarla y su deseo de que esa experiencia se transmita al público. Esa relación entre el disfrute y el resultado final es algo que Sedes considera fundamental. No sabe qué repercusión tendrá una serie, pero sí cree que la felicidad de quienes la hacen puede llegar al espectador.

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Pero también es cierto que, con tantas producciones ambientadas en el pasado, es inevitable preguntarse si el espectador puede llegar a cansarse. Emilio A. Pina, productor ejecutivo de El tiempo entre costuras, cree que el punto diferencial puede estar precisamente en el contrario: recuperar historias que retraten la actualidad.

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La reflexión resulta interesante porque obliga a mirar el fenómeno desde otro ángulo. Si el pasado ofrece una distancia atractiva, el presente puede aportar una conexión más inmediata. Y quizá el verdadero reto no sea elegir entre una época u otra, sino encontrar historias que tengan algo que decir, independientemente del momento en el que estén ambientadas.

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'El tiempo entre costuras'

Por eso, quizá la pregunta no sea si hay demasiadas series de época, sino qué hacemos con ellas. ¿Se trata de repetir una estética que funciona o de utilizarla para contar algo que todavía no se ha contado? ¿De volver a historias conocidas o de descubrir personajes que habían quedado fuera del relato?

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El pasado no es necesariamente un lugar al que huir, sino una forma de mirar el presente desde otra perspectiva. Y quizá por eso siga funcionando. Porque, aunque cambien los vestidos, los decorados y las costumbres, las historias que nos interesan continúan teniendo que ver con las mismas cosas: el amor, el poder, la libertad, la identidad, la familia, la ambición o el deseo de encontrar un lugar en el mundo.

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La ficción de época seguirá encontrando nuevas maneras de contar esas historias. Y, mientras lo haga, seguirá teniendo algo que ofrecer: la posibilidad de viajar a otro tiempo sin dejar de hablar del nuestro.

Texto: Fátima L. Ortiz

Diseño: Alfonso Gómez

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