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CELIA 

RICO

Directora de cine y guionista

"La generosidad de los actores y actrices me sigue sorprendiendo a la hora de trabajar"

Por: Fátima L. Ortiz

Octubre de 2026

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La directora y guionista Celia Rico no necesita grandes historias para hablar de lo que nos pasa, sino que mira de cerca. A las madres, a las hijas, a los vínculos que cambian con los años, a las conversaciones que se quedan a medias y a esos pequeños momentos cotidianos que, casi sin darnos cuenta, terminan diciendo mucho de quiénes somos. 

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Desde su debut en el largometraje con Viaje al cuarto de una madre, pasando por Los pequeños amores hasta llegar a La buena letra, Celia ha ido construyendo una mirada propia, íntima y profundamente atenta a sus personajes y a sus intérpretes.

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Su cine se mueve en un territorio donde lo aparentemente sencillo puede esconder grandes conflictos. La familia, el amor, la soledad, el paso del tiempo o la dificultad de encontrar nuestro lugar aparecen en sus películas sin necesidad de grandes gestos, dejando espacio para los matices. 

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La directora habla de cine, pero también de la vida que hay detrás de las películas: de las relaciones que nos construyen, de las preguntas que aparecen cuando crecemos y de todo aquello que aprendemos a mirar de otra manera con el paso del tiempo. Charlamos con ella sobre crear desde lo cotidiano, sobre personajes que se sienten vivos y sobre una carrera que, película a película, sigue afinando una mirada tan reconocible como cercana.​

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Celia Rico se sienta con nosotros, Actores Actrices Revista, para hablar de cine, de actrices y actores, de los personajes que la inspiran y de esa mirada tan cercana con la que observa las historias que quiere contar. Una conversación tranquila y agradable en la que conocer un poco más de la cineasta que hay detrás de sus películas y de todo lo que todavía queda por contar.

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Celia Rico junto a Lola Dueñas y Anna Castillo en el rodaje de 'Viaje al cuarto de una madre'

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Lo más difícil de hacer una película es sostener el deseo de hacerla cuando hay "noes" en el camino

Estudiaste Comunicación Audiovisual en Sevilla. ¿Qué recuerdas de aquella etapa y qué huella crees que dejó en tu manera de mirar el cine?

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La etapa universitaria fue una época de descubrimiento, también por tener mucho acceso a ver películas. Porque soy de un pueblo, de Constantina, en Sevilla, y empezar en la universidad y estudiar una carrera vinculada al cine me permitía acercarme a él de forma teórica y académica, pero también de ir al cine en la ciudad. En aquella época estaban los cineclubs donde se alquilaban películas, y recuerdo poder tener toda esa posibilidad de ver mucho cine, ahora es tan fácil con internet…

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Los estudios de Comunicación Audiovisual fueron una forma también para acercarme a la cultura, a los medios de comunicación, porque es una carrera muy amplia. Y puedes perder el foco si no sabes lo que te gusta, y a mí desde el principio me gustaba mucho lo relacionado con el cine y el arte y la estética, y la parte más creativa. También esa etapa me dio la posibilidad de conocer al grupo de amigos con los que compartir esa afinidad, y el amor por el cine, que también es muy importante.

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¿Qué películas han sido las que más te han influido como directora?

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Recuerdo el momento de descubrir a Rossellini, a Chantal Ackerman… A Yasujirō Ozu, que sigue siendo para mí el mayor referente, salvando las distancias temporales y físicas. ​

 

En el cine de Ozu hay algo que tiene que ver con lo humano y lo tierno y con mucho sentido del humor para reflejar las relaciones familiares, las expectativas de los padres respecto a los hijos… Es algo que a mí me ha acompañado en todo mi proceso de pensar las películas hasta hoy en día.

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¿Cuál dirías que es el momento más especial y el más difícil dentro de un proyecto?

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Es un proceso tan largo y complejo, con facetas tan distintas -aunque complementarias-…, diría que cada fase tiene cosas que más me gustan y cosas que me cuestan más quizá, más retadoras. Me gusta el proceso de la escritura, y especialmente de la reescritura una vez ya tengo más clara la peli y tengo un borrador de guion con el que más o menos me sienta cómoda (aunque siempre una está intentando cuestionar todo lo que hace), y ya tengo ese armazón y los personajes.

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También me gusta escribir los diálogos, aunque escriba pocos. Me encanta también el trabajo con los actores, ver cómo ellos activan ciertos resortes, cómo miran, cómo están en escena, me parece algo entre misterioso y privilegiado y me hace aprender mucho de esa escritura previa; qué ha tenido sentido, qué cosas están escritas para estar vivas, cuáles habría que cambiar… Y también me encanta la edición en la sala de montaje, eso de cortar de aquí, cambiar, probar, que es como una última escritura.

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Lo más difícil depende del proyecto, pero en general en todos los trabajos tiene que ver con sostener en el tiempo el deseo de hacer esa película cuando pueden llegar respuestas negativas frente a un respaldo económico. La financiación me parece que siempre es lo más complicado, porque uno tiene miedo de no poder hacer la peli, de que todo lo que has pensado y trabajado no llegue a rodarse. Gestionar emocionalmente esa incertidumbre es lo más difícil, así como manejar los tiempos. Los rodajes dependen del presupuesto, y esa gestión del tiempo va a la contra de cualquier proceso creativo o de reelaboración.

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Celia Rico junto a Adriana Ozores y María Vázquez en el rodaje de 'Los pequeños amores'

Me gustan los actores y actrices que se entregan y no tienen miedo, porque me hacen confiar en mí misma

Para ti, ¿qué define a un actor o actriz ideal para tu forma de trabajar?

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Depende de cada proyecto y cada personaje, no hay una cosa ideal en abstracto. Para mí, hay algo que tiene que ver con lo que transmite genuinamente el actor o actriz, lo que tiene ya de base, y es algo que para mí es importante porque me gusta trabajar desde la cercanía y cierta verdad, y luego, está toda la construcción del personaje.

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Por otro lado, me gustan muchos los actores y actrices con frescura y espontaneidad, que parece que cuando dicen el texto o cuando mira a un compañero o un paisaje, lo hace por primera vez. No sé definidlo con palabras, es algo muy especial, que viene dado.

 

Luego hay toda una parte de trabajo más técnico que también me gusta y que es interesante, y así se pueden ir construyendo pequeños matices con ese trabajo previo y la capacidad de asombro. Me gusta esa capacidad de trabajo y concentración junto a la posibilidad de asombro, la frescura y la curiosidad. Me gustan los actores y actrices que se entregan sin miedo, que no ponen barreras, y que confían; de esa manera, me hacen a mí también confiar en mí misma.

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Todos los actores con los que he trabajado me han sorprendido desde sus facetas y experiencias. La generosidad de todos ellos a la hora de trabajar es algo que me sigue sorprendiendo. Ese ponerse a disposición del otro, me parece muy bonito. Y me sorprende mucho su capacidad de observación y su curiosidad; eso diferencia a los actores de los demás artistas. Que incorporan cosas que han visto en un amigo, en su abuela… Que lo integren en su trabajo para crear un personaje con matices.

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Viaje al cuarto de una madre cuenta un duelo muy silencioso, a través de gestos mínimos, silencios y miradas. ¿Cómo trabajabas con las actrices para conseguir esa emoción tan contenida? ¿Les dabas indicaciones muy concretas o prefieres dejar más espacio?

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Me gusta muchísimo hacer mucho trabajo de mesa previa al rodaje, hablar mucho para entender a los personajes emocionalmente. Construir el hilo mental de un personaje, por ejemplo, el personaje está en una situación y su cabeza está en otra parte, y por eso responde de una manera y no de otra. Trabajar ese hilo invisible que mueve los pensamientos y emociones.

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En el rodaje, me gusta dejar el espacio para que me propongan y que digan cómo han sentido cada toma, qué querrían cambiar. Voy aprendiendo (esto es algo que lo aprende una haciéndolo y cometiendo errores) a ser precisa con la indicación para que sea la mínima, y sea muy acertada. Hay que ser muy fino para eso y yo aún no lo consigo, pero lo intento. Me da la sensación de que a veces una acotación mínima es suficiente cuando detrás hay un trabajo profundo y la sabiduría de un actor.

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Me gusta probar cosas pequeñitas y muchas veces quitar algo que me parece que se está viendo demasiado, no porque el actor exagere, sino porque quizá la cámara, el sonido o la luz está potenciando ya la intención que buscamos, y me gusta pulir para que todo sea más contenido.

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En Los pequeños amores vuelves a explorar la relación entre una madre y una hija. ¿Qué querías contar esta vez que fuera diferente a Viaje al cuarto de una madre?

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De alguna manera, al acabar Viaje al cuarto de una madre, me di cuenta de que la relación que había construido entre esos dos personajes dejaba unas preguntas que me seguían acompañando con el paso del tiempo, y eso hacía que empezara a ver la relación de una madre y una hija desde la edad que tenía en ese momento y cómo eso iba cambiando. Así que me apetecía volver a explorar esa relación, encontrarse con otras edades para que esas preguntas que ya se habían planteado en la otra película -cómo nos queremos, cómo podemos seguir queriéndonos cuando nos separamos, cómo es el amor en la distancia, qué significa queer al otro…- cómo serían cuando pasan 20 años y los miedos son otros; miedo a envejecer, a quedarse sola, a no ser madre, a que le pase algo a los padres…

 

Para mí esas preguntas se iban haciendo más complejas y densas y me apetecía explorarlas, también para ver qué pasa cuando tienes una edad en la que ya podrías ser madre y no lo eres y tienes que cuidar de la tuya. Preguntarme de nuevo, pero desde distintas edades, por la maternidad y la hijidad, las dos caras de la moneda.

Celia Rico en el rodaje de 'La buena letra'

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Creo que el trabajo en equipo es importantísimo, especialmente en películas de época e históricas, porque es mucha responsabilidad

Ya no hay una industria americana o española, cualquier película o serie necesita tener un concepto global, aunque sea un presupuesto grande o pequeño, las fronteras han desaparecido

La buena letra parte de una novela de Rafael Chirbes y aborda una historia cargada de memoria, dolor y consecuencias de la Guerra Civil. ¿Cómo se enfrenta una adaptación de una obra con tanto peso literario e histórico?

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Cuando decido adaptarla, me preocupa un poco no estar a la altura de la obra literaria, pero también de la época que retrata un contexto histórico, político y social que ha sido tan duro y que ha dejado tanta huella en este país.

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Te cargas con una especie de responsabilidad, de miedo, de querer ser rigurosa, delicada… Pero decido llevarlo a cabo como mejor pueda, poniendo todo mi corazón y mi buena intención. A partir de ahí, empiezo a trabajar y me doy cuenta de que es un privilegio poder adaptar una novela de un escritor que trabaja de una manera tan consciente y profunda, y tan afilada con los personajes y sus mundos interiores, con lo cual ya partía de una materia prima que, si la hubiera intentado sacar de manera original, pues no la habría tenido.

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En ese sentido, lo que era un miedo se convirtió en una suerte. Luego, por suerte es un trabajo que no haces sola, estás acompañada de un equipo que te asesora, con los que le das vueltas a todo. También con los actores que le van a dar vida a todo eso, y ahí te das cuenta de la importancia del trabajo en equipo para hacer películas, pero especialmente de época y de algo que toca muy de cerca a la historia de nuestro país. Luego ya el proceso de trabajo lo acerco a lo que fue el proceso de las dos pelis anteriores: intentar construir esta peli desde donde yo me siento cómoda, buscando los gestos, miradas, los pequeños detalles, e intentar hacer una peli donde yo también de alguna manera pueda ser lo más honesta posible y hacer mi labor de acompañamiento de los actores desde lo cotidiano y lo pequeño y no meterme en territorios que no me apetecen o que podrían desvirtuar lo que para mí es hacer cine.

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¿Puedes contarnos algo sobre tus próximos trabajos?

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Estoy empezando a desarrollar un par de proyectos, muy poquito a poco, porque no se sabe cuándo van a salir. Uno es un guion de una idea original y el otro es una adaptación de una novela, de nuevo haciendo ese proceso tan bonito de pensar una película a partir de una obra literaria previa e intentar encontrar el universo de otra persona en un diálogo con lo que yo pueda aportar. La adaptación me pareció una propuesta muy interesante y bonita. El proceso de escritura de una adaptación se supone que es muy parecido a cuando escribes un guion original, pero tiene algo muy distinto que me parece muy interesante. Estudié también Teoría de la Literatura y me gusta mucho el análisis de las obras literarias y hay algo ahí también de sentirme cómoda entre los libros.

 

¿Hay algún tipo de proyecto que sientas como un sueño pendiente?

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No sé si quizá no soy muy soñadora, porque en realidad mi sueño es seguir haciendo películas y seguir dedicándome a esto. Quizá en algún momento a veces pienso que sería bonito poder filmar algo más documental, no pasar tanto tiempo sentada delante de un guion reescribiendo, sino salir al mundo, observar y filmar la vida, lo que está pasando. Quizá podría ser un pequeño sueño hacer cine escribiendo directamente con las imágenes y no con el texto. Escribir y reescribir, como el texto es lo que se envía como propuesta para conseguir financiación, es algo en lo que se dedica muchísimo tiempo -a pesar de que es algo que me guste-, y tarda mucho hasta convertirse en imágenes. El sueño sería poder empezar a filmar sin tener tanta idea del guion digamos, y construir una peli a través de las imágenes que se van filmando, de forma más libre.

Texto: Fátima L. Ortiz

Diseño: Alfonso Gómez

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