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maría PASTOR reinventa el Teatro Guindalera

"Este espacio es la necesidad de asumir un cambio preservando unos valores"

Por: Antonio Hernández

14 de noviembre de 2017 /

Espacio Guindalera es el nuevo y ambicioso proyecto de la actriz María Pastor. Un proyecto que la ha llevado a repensar todo el espacio de Teatro Guindalera para adaptarlo a los nuevos tiempos. Una nueva forma de gestión y financiación culturales que puedan garantizar su sostenibilidad a largo plazo permitiendo el encuentro entre artistas de diferentes disciplinas y los espectadores. Un proyecto que me cuenta en el nuevo Bar Guindalera con la pasión y la sonrisa de los que se saben lo que se hacen.

 

¿De dónde surge Espacio Guindalera?

Todo esto ha empezado de la necesidad imperiosa de adaptarse. No había más remedio. Como ya se sabe, tuvimos que cerrar por varias razones.

 

Una, evidentemente práctica. No se podía sostener una sala tan pequeña sin ayudas. Otra, porque no queríamos someternos a las demandas de las salas de multiprogramación y todo lo que eso implica.

 

Hemos ganado tiempo durante el último año compartiendo el espacio y haciéndonos residencia artística para compañías que necesitaban un lugar para desarrollar su proyecto. A cambio nos daban tres ensayos abiertos al público. Esto nos ha permitido mantener el público y los seguidores que son la joya de este teatro.

 

Y, en mi caso, del coraje que me daba escuchar a mi madre decir que tal vez tuviésemos que dar las llaves de este espacio y ver cómo se convertía en un gimnasio. Además, de algo que venía barruntando desde hace tiempo. De cómo podíamos hacer este espacio sostenible sin ayudas.

¿El objetivo es mantener el espacio o promover otra forma de estar en las artes escénicas?

Nace de una evolución lógica. No es que decidiese montar un negocio y partir de cero. Me senté a ver lo que tenía y lo que a mi me gustaba como espectadora y persona activa que disfruta del arte en general.

 

Pensé en las cartas que tenía y cómo darle una vuelta. Así que inventé un proyecto que llevaba años pensando y con el ya había soñado. Recuerdo que antes de abrir Teatro Guindalera nos gustaba mucho Lucernaire en París. Una sala que acoge varias disciplinas artísticas, con un restaurante, una librería y un pequeño bar como el que tenemos aquí. Además de tres pequeñas salas de cine y una sala grande de teatro y otras tres pequeñas. Todo en un sitio muy similar a este.

 

Soñando con esta sala aparqué mi carrera durante un año y me puse a buscar. Me reuní con coaches empresariales, fui a clases de marketing, me introduje en redes de networking.

 

Intentando definir cuál era la misión de este espacio, traté de recoger de una forma lógica lo que ya estaba sucediendo en el Teatro Guindalera. Por ejemplo, yo ya había puesto en marcha los espectadores activos hace muchos años o había buscado formas de acercarme al público de otra manera. O las catas de poesía y vino que me había inventado para la sala.

 

La conclusión de este análisis fue que la misión del espacio era hacer de puente. Hoy en día es el público el que puede mantener vivo el teatro, el que tiene más poder y responsabilidad, que tiene un criterio. Y este espacio se ha mantenido gracias al apoyo y el interés del público.

 

Sabiendo la necesidad que tiene el artista de ser comprendido, y el espectador de entender más, viendo lo que sucedía al final de las funciones cuando los espectadores y los equipos artísticos compartían el licor de guindas en el lobby, entendí que había que tender más puentes todavía entre los espectadores y los creadores.

Entonces, ¿esta abierto a otras disciplinas artísticas?

La unión hace la fuerza y, lógicamente, pensé que tenía que abrirme para compartir los muchísimos gastos que implica un proyecto como este. Tenía que asociarme con gente que me pueda completar, complementar, dar más de lo que yo ya hago que es teatro. Al mismo tiempo, compartiendo unas bases y unos principios comunes.

 

No es hacer por hacer. En Guindalera siempre hemos apostado porque no todo vale. Teníamos una programación muy concreta, con una línea artística también muy concreta, con unos valores determinados que basan en unos principios específicos.

 

También tengo muchos amigos artistas con los que habíamos colaborado muchas veces y que comparten estos valores y principios. Así que pensé la manera de cómo podíamos compartir responsabilidades y gastos, beneficiándonos todos.

 

Primero llamé a los que tenía más cerca. Como a la Escuela de Nuevas Músicas de Pedro Ojesto. A Javier Moreno un interprete de jazz que lleva mucho tiempo en Nueva York pero que se acaba de instalar en Madrid con el que hacemos una cata.

¿Una cata musical?

A mi me gusta mucho el jazz pero, a veces, me cuesta entenderlo. Pero si tienes la suerte de tener un amigo que poco a poco te proporciona las claves… Ahí se me ocurrió hacer catas artísticas. Con una persona que te conduce, por ejemplo, la mirada en el caso de una película y el oído en el caso de la música, es una cata, es como cuando te conducen el paladar en el caso del vino.

 

No se trata de hacer conciertos pedagógicos o una charla. Es una cata. Una forma de proporcionar unas perlas de información de manera lúdica y ligera, que los sentidos se vayan acostumbrando, vayan discerniendo y vayan teniendo más sensibilidad. Dar más claves al espectador para que pueda elaborar un criterio propio.

 

No se trata de aleccionar a nadie. Sino, simplemente, de acortar las distancias. De proporcionar claves para entendernos más.

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¿Cuál será el papel de los actores y actrices en este proyecto? ¿Cómo se pueden incorporar?

Cuando me pongo a pensar en el proyecto me pregunté con quién asociarnos en el mundo del teatro. Uno de los problemas que tenemos en este país es que los profesionales del teatro hemos dedicado muy poco tiempo a aunar criterios. No nos hemos preocupado por intentar entendernos entre nosotros.

 

Además, una de las cosas que más me interesa de mi profesión es la investigación. Siempre apuesto por el proceso más que por el resultado porque es lo que me apasiona.

 

Por tanto, necesitaba de un lugar donde poder seguir investigando y donde poder compartir mi metodología. Algo que considero uno de mis mayores tesoros, gracias a que he estado aquí catorce años elaborando una metodología junto con mi padre. Convirtiéndolo en una forma de trabajo que a mi me funciona y que me gustaría compartir.

Entonces, los actores y actrices que se acerquen a Espacio Guindalera, ¿tendrán el papel de aprender su metodología de trabajo o el de hacer que dicha metodología evolucione?

Se debe partir de que hay que hacer el espacio sostenible. Una isla creativa que tenemos que mantener entre espectadores y creadores. Una célula de resistencia en la que no todo vale. Tanto unos como otros saben que aquí se van a cumplir unos mínimos. Un buen vino tomado en una copa de cristal, una música que se escuche como debe escucharse, etc.

 

Dentro de eso está el proyecto del teatro con tres líneas o “guindas”. Una es la residencias para compañías artísticas que lo necesiten. No podemos acoger a muchas pero sí a algunas. En la medida de nuestras posibilidades vamos a intentar que esas compañías dispongan de cinco semanas de ensayos por las mañanas. A cambio nos darán tres ensayos abiertos al público que les permita verificar el proceso de trabajo.

Por otro lado está nuestra propia compañía, pues teníamos este espacio para poder trabajar y poder seguir con lo nuestro.

 

Y, por último, he creado un “vivero de creadores”. Un lugar donde conviven creadores. Por un lado dramaturgos que quieren replantearse la forma de escribir. Actores que quieren más herramientas y entender otros mundos. Y directores que también tienen estas inquietudes.

 

Será un laboratorio de creación permanente donde reflexionaremos. Yo compartiré la metodología que hemos creado en la medida de lo posible. Hay que tener en cuenta que este vivero es un punto de encuentro, por lo que no se va a imponer ninguna metodología. Junto con José Cruz y mi padre [Juan Pastor] la usaremos de punto de partida para encontrarnos. Para que un conjunto de actores, escritores y directores puedan sacar un embrión que pueda llegar a convertirse en una obra de teatro en algún momento.

¿Es este vivero algo parecido al programa de “Escritos en la escena” del Centro Dramático Nacional?

Más o menos. Pero tanto en “Escritos en la escena” o en los laboratorios de creación lo que hacen es que juntan artistas y los ponen a crear.

 

En Espacio Guindalera nos queremos dedicar al “cómo”. A buscar caminos. El dramaturgo reflexiona sobre una escena desde el punto de vista práctico y no intelectual. No solo escucha y se va a su casa a escribir. Tienen que ser dramaturgos que quieran trabajar de otra manera y replantearse su forma de escribir. Y al director se le proporcionan claves para entender las estructuras dramáticas y entender los procesos internos actorales.

 

Se trata de emular el espíritu del Group Theatre de los años 30 en Nueva York, y todas esas obras de “El chico de oro” y “Esperando al zurdo”, que fueron el resultado de un proceso de investigación. Un proceso realizado entre dramaturgos, directores y actores que se replanteaban cosas y que todos tenían la misma base, los mismos criterios y partían de la misma metodología. A base de trabajar llegaban a escenas transparentes en las que estaba clara la acción dramática.

 

Nosotros no queremos crear por crear sino establecer los caminos para entenderse. Si de ahí sale un embrión, no un proyecto, que al año que viene se pueda presentar a las residencias artísticas y convertirse en un proyecto, será estupendo. Pero sino, no es lo que nos une en este vivero de creadores.

 

Estamos experimentando en este primer año para ver donde acaba. Todos los alumnos que están en el vivero de creadores saben que es un experimento que no se sabe por donde va a salir. José y yo escuchamos mucho y recibimos mucho de los integrantes del vivero. Y tratamos de reflexionar entre todos.

 

Si al final de año pudiéramos escribir un manifiesto sobre lo que consideramos buen teatro, sería estupendo. Pero no es una fábrica que tenga que producir, es un laboratorio. Un lugar donde verdaderamente se experimenta.

 

Hoy en día hay un poco de superficialidad en este tema. Se nos dice: “¡Venga, improvisad!” Ojo, improvisar no es tan fácil. Hay que prepararse para hacer una buena improvisación. Hay que crear unas bases y unos criterios. Saber cómo se hace. Asegurarse ciertas cosas antes de poder improvisar. Prepararse.

¿Qué hay que hacer para participar de las actividades de Espacio Guindalera?

Para el vivero hemos pedido que nos escribieran una carta de motivación y que nos enviaran un currículo. Luego teníamos una entrevista para explicarles lo que nosotros proponíamos y ver si es lo que estaban buscando.

 

Si le apetecía subirse al carro, tenía que acudir al menos a diez sesiones. Ese es el compromiso mínimo que hemos establecido. Son tres días a la semana y tiene tres módulos, aunque no hay que estar apuntado a todos los módulos.

 

Lo que se pretende es favorecer el encuentro. Permitir que suceda. Y si no sucede, pues no pasa nada, puesto que todo el que viene al Espacio Guindalera es socio. Eso implica unas responsabilidades y unas ventajas. Entre esas ventajas está el poder participar en distintas actividades o encontrarse con otros en el restaurante o en el bar en los que tienen descuentos.

 

Así, que de una forma espontánea surja el debate y sucedan cosas. Sin forzarlas, sin tener la espada de Damocles de que tengo dar un resultado en un tiempo concreto. Por ejemplo, crear, producir y montar un espectáculo en dos meses para una semana de representaciones y ya está. De momento calma, nos quedamos con la reflexión.

¿Cuánto cuesta ser socio?

Tienes tres opciones: anual, trimestral y mensual. En el primer caso pagas 10 euros al mes. En la trimestral 15 euros al mes. En la mensual 20 euros por un mes. En función de tu asociación recibes un tenedor de distinto color.

 

Tanto los creadores como los espectadores están al mismo nivel, pueden asociarse de la misma manera y pagan lo mismo en función de la opción elegida. El creador que viene a investigar suele estar más tiempo y por eso suele asociarse por más tiempo. En general, los participantes en los viveros suelen asociarse trimestralmente porque las 10 sesiones a las que hay que comprometerse suelen llevarse a cabo durante un trimestre.

 

El ser socio te permite tener descuentos en las actividades. Por ejemplo, los socios pagan la mitad en la cata musical que estamos organizando con Javier Moreno. Y esta actividad es algo muy especial. Una delicia.

 

También se puede ser amigo por un día. En este caso por un euro recibes otro tenedor de madera por el que vas al bar y te invitan a una cerveza o te hacen un 10% de descuento. Y pagas el importe total de la actividad en la que quieras participar ese día.

Antes ha hablado de unos principios, ¿cuáles son los principios que deben compartir los que quieran asociarse?

Lo voy a explicar con un ejemplo muy práctico. Con imágenes, que es como pensamos los actores. Es aquella persona que prefiere cruzarse Madrid para irse a un sitio que sabe que tiran la caña con arte y prefiere pagar casi el doble porque aprecia ese arte y, por tanto, lo va a disfrutar. Antes que tomarse muchas más cañas mal tiradas, más baratas y en cualquier lugar. Esta es un poco la historia.

 

En esta imagen hay algo un poco romántico y artesanal. Unos valores de la vieja Europa que se están perdiendo. Aquí sabes que vas a escuchar un concierto que es más que un concierto porque tienes al músico al lado, con el que puedes conversar. En un entorno que no es cualquier entorno, que vas a beberte un buen vino, que no cualquier vino, en una copa de cristal, que no cualquier copa. En un sitio que no está masificado.

 

Es gente que aprecia esa serie de detalles. Detalles que tienen un precio. No es un club exclusivo ni excluyente, pero sí selecto y refinado. Los que se acerquen son gente que tiene este perfil. Gente que aprecia escuchar un vinilo por el sonido, poder tener una conversación con el artista de una forma sosegada, no impuesta ni forzada.

 

No todo vale. Son principios sólidos. Como el uso de textos que te hacen ahondar en la condición humana. Cosas que pueden no ser fáciles de escuchar y ver pero que si insistes acaba mereciendo la pena. No se viene a desconectar, se viene a conectar. No es venir a adormecerse, es venir a elevarse. Pasar la línea roja del entretenimiento.

¿Qué espera de este proyecto a medio o largo plazo?

Me conformo con conseguir que este espacio sea sostenible. Y que tanto los que vienen a ver las cosas que producimos como las que las desarrollamos tengamos un lugar donde poder seguir profundizando e investigando y desarrollando una línea concreta de trabajo.

¿Qué necesita este espacio para que siga siendo sostenible?

Necesita socios que lo mimen y lo cuiden para poder pagar los gastos mínimos que significa esto. Porque reivindicamos la dignidad de los trabajadores, de los artistas y del actor. Todo actor que pasa por aquí y trabaja, está dado de alta en la seguridad social, tiene el sueldo mínimo garantizado, el mínimo de ensayos por convenio. Y si no se puede con lo mínimo si quiera, se cerrará y ya está.

 

En la investigación que hicimos para el montaje de “Tres hermanas” había una máxima que está en el dossier del proyecto: Asumir la necesidad de un cambio preservando unos valores.

 

Teatro Guindalera no podía seguir igual. Tenía que abrirse, expandirse, compartirse, cuestionarse artísticamente y en todos los sentidos. Tenía que seguir creciendo, adaptarse a los tiempos, pero preservando ciertos valores. Diciendo por ahí no.

¿Por qué el asociado recibe un tenedor?

A mi me gusta mucho el sobretítulo que tiene Espacio Guindalera de Degustación Artística, porque es un sitio al que se viene a degustar. Un lugar al que vienes a detenerte un instante, a paladear las cosas, a prestarle atención. Un tenedor que te permite pinchar distintas “guindas”.

 

Se lo comenté a Juan Pablo, que es la persona que colabora con nosotros en la imagen, y se le ocurrió que al arrastrar un tenedor hacia arriba se convierte en foco con sus dientes. La idea es coger una taza normal y corriente, añadirle una luz, darle la vuelta y convertirla en Café Guindalera. Coger una bolsa, añadirle luz y convertirla en Bazar Guindalera.

¿Crees que Madrid está preparada para acoger algo similar al Group Theater de Nueva York o al Lucernaire de París?

Quizás no. Si pensamos en el apoyo de las instituciones, pues no. Si pensamos en el de los centros dramáticos, tampoco. Pero quiero ser positiva. Hay espectadores que tienen una militancia que a mi me asombra, que resisten contra viento y marea. Y hay artistas que se están poniendo las pilas y se están reinventando. Compañías que luchan por tener un lenguaje propio. Existe una corriente subterránea entre los artistas y existe un público. Así que ¿por qué no?

 

El lema de Espacio Guindalera es que no buscamos seducir a la mayoría, buscamos comprometernos con esa inmensa minoría de la que te acabo de hablar.