ZOE
BONAFONTE
"No saber cuánto va a
durar esto me da miedo."
Por: Fátima L.Ortiz y Alfonso Gómez
Octubre de 2025

Zoe Bonafonte para Actores & Actrices Revista. Foto: Fátima L.Ortiz
A Zoe Bonafonte le brillan los ojos cuando habla de su oficio. Con tan solo 21 años, la madurez y la determinación con la que se expresa sorprende tanto como su energía arrolladora. Tras haber estudiado en Estados Unidos, asegura “me di cuenta de que esto era más que una profesión: es una forma de vivir”. Y aun así, mantiene los pies bien firmes en el suelo: “Sé que estoy en un momento laboral súper bueno y soy una privilegiada, y sé que esto no dura para siempre: no saber cuánto va a durar esto me da miedo”.
Y es que el suyo es un presente brillante. Ha sido la ganadora del último Premio a Mejor Actriz Revelación de la Unión de Actores y Actrices por El 47, película que ha conquistado a crítica y público. La gala de estos premios fue doblemente inolvidablemente, ya que coincidió con su cumpleaños, y supuso, como ella misma reconoce, “el mejor regalo posible”. Quizá no crea en supersticiones, pero sonríe al confesar que, justo antes de algunas audiciones, se encuentra monedas de céntimos que suelen ser pequeñas señales que hasta el momento han coincidido con papeles que luego fueron suyos. También, ha participado recientemente en la película El secreto del orfebre, en la serie Manual para señoritas, y el pasado verano estaba en pleno rodaje de Ruega por nosotras.
Zoe mezcla lucidez y ternura en su manera de mirar la profesión y reconoce también su propio proceso personal dentro de ella: “Soy una persona que a veces se toma demasiado en serio las cosas y me tengo que recordar a diario que esto es para pasárselo bien”. Expresiva por naturaleza, reconoce que esa cualidad le abre puertas como intérprete, aunque “a veces juega malas pasadas”.
Además, defiende el valor de la interpretación como un acto de responsabilidad: “Me parece importante ser consecuente: creo que tenemos una responsabilidad como artistas cuando estamos contando según qué historias”. Ese compromiso también se extiende a su mirada crítica hacia la industria: “He vivido demasiados momentos machistas para lo poco que llevo en la industria: aumenta mucho las probabilidades cuando eres una mujer joven”.
Consciente de su momento, pero también de los retos colectivos, Zoe insta a su generación con una convicción contagiosa a mejorar las cosas: “Es importante recordar que la Unión hace la fuerza, nunca mejor dicho”.
Con esa mezcla de madurez, frescura y compromiso, se sienta con Actores Actrices Revista para contarnos cómo vive este presente tan intenso y qué papel quiere tener en el futuro de la profesión.

He vivido demasiados momentos machistas para lo poco que llevo en la industria: aumenta mucho las probabilidades cuando eres una mujer joven

Hoy en día podemos ver cada vez más cuerpos no normativos en las producciones, pero la presión estética sigue jugando un papel en la industria, ¿has sentido esta presión por encajar en estos moldes alguna vez?
Seguimos teniendo mucho camino por recorrer, porque por mucho que empezamos a ver ciertas pinceladas de otros cuerpos o colores de piel, seguimos estando miy atrás respecto a por ejemplo la industria británica. Pero sí que en mi caso, yo soy una persona que me considero privilegiada porque no he sufrido el tipo de discriminación que puede sufrir una persona con cuerpo no normativo, porque ante todo mi cuerpo sí lo es. Sí me pasa mucho que veo en algunas producciones en vestuario se comenta el cuerpo de las mujeres, por ejemplo, “tú que eres así como tan delgada”, “tú tienes demasiado pecho, así que esa camiseta no te queda bien”…
Ponme la ropa que me tengas que poner, y quédate tu comentario para ti, porque no aporta, si es que tampoco voy a poder cambiar nada. Y ya haciendo época, aunque en Manual para señoritas el equipo de vestuario ha sido maravilloso, pero por ejemplo al meter el factor corsé, que al final es un opresor, el cuerpo de la mujer destaca el doble y puede haber más comentarios incluso.
Teniendo en cuenta esta presión, la inestabilidad del oficio, los nervios de las audiciones… ¿Cómo sería para ti un día de autocuidado?
Yo tengo poco autocuidado, estoy en ello, pero sí que mi forma de autocuidarme es volver al cuerpo, es como volver a la tierra. En mi escuela de interpretación, se apuesta mucho por el movimiento de la energía en el cuerpo. Esto sí que lo noto, en clase o dando un paseo de 20.000 pasos. Es la forma que tengo de rebajarme la ansiedad, todo lo que sea quedarme quieta me da por sobrepensar y ser catastrófica, por ejemplo, en los rodajes siempre me ha pasado de, hasta el último día, pensar que me iban a echar.
Yo entro en set y digo “mañana se darán cuenta de que soy una impostora”. Sobre todo ahora que me están dando oportunidades más protagónicas, que pienso “¿Que tú quieres que yo aguante el peso de esta película? Guau, te veo muy confiado”. Eso es trabajarlo en terapia, con tus amigos, confiar en tu trabajo y que al final te esfuerzas el trabajo está hecho y luego es soltar, pero me cuesta mucho.
Interpretaste a la versión joven de Michelle Jenner en El secreto del orfebre, ¿cómo fue la experiencia?
Es verdad que tanto Michelle como yo estábamos en otros proyectos, no tuvimos tiempo de ensayos juntas, pero ella pidió venir a ensayos míos para verme y yo vi muchos trabajos suyos, me fijaba cuando hablaba con ella en cómo se movía, cómo gesticulaba… Entre las dos, sin querer, hubo una especie de simbiosis, llegamos al set una vez que coincidimos y le pregunté cómo estaba enfocando ella el personaje por si había algo que yo pudiera recoger. Estuvimos poniendo cosas en común y nos dimos cuenta de que estábamos haciendo lo mismo sin querer, habiéndonos fijado en cómo la otra seguramente lo iba a llevar.

Yo soy muy optimista y quiero pensar que las nuevas generaciones vienen con ganas de seguir peleando lo que ya se ha ido peleando
¿Crees que tu trabajo en El 47 está influyendo y va a seguir haciéndolo en tu trayectoria profesional?
Completamente. Es un proyecto en el que aprendí muchas cosas a nivel personal y profesional. Ha influido en mi carrera a niveles estratosféricos, siempre le digo al director que voy a estar eternamente agradecida porque apostó por una chica que nadie conocía que en la peli tenía un peso bastante relevante. Obviamente sigo haciendo castings y currándomelo como todo el mundo, pero la gente viene a verme ya con una buena predisposición porque han visto El 47.
¿Crees que es importante que las nuevas generaciones expriman al máximo esta experiencia con intérpretes más veteranos como te ha pasado en El 47?
Yo he tenido el privilegio de trabajar con mucha gente a la que admiro. Yo me fijo en lo que hacen, cada uno de su padre y de su madre, pero siempre puedes rescatar algo, ya sea el compromiso, lo detallistas que se vuelven, sus composiciones… Hay algo de ver a las generaciones que han estado ya tanto tiempo ahí que te van dando tips y te van ayudando y de alguna forma cuando te ven se ven a ellos cuando empezaban. Si no te fijas es desaprovechar una masterclass gratuita cada día, y yo he tenido el privilegio de trabajar con compañeros que me han dado muchos consejos, como lo de utilizar el ojo más cercano a la cámara, que a veces son cosas que, si no te las dicen, intuitivamente no siempre salen.
¿Crees que has sabido aprovechar la experiencia del boom de El 47?
Te diría que sí, porque cuando vi lo que estaba iniciando cuando salió en cines, dije “vale, esto puede ser muy peligroso o una oportunidad de aprendizaje enorme”. Me daba mucho miedo una posible fama o que de golpe viese muchísima gente un proyecto donde yo salía, así que decidí tomármelo como una oportunidad de crecimiento. Fue un período para replantearme por qué quería ser actriz. Me di cuenta de que los premios no son todo, para lo bueno y para lo malo. De más pequeña, se mitifican, y de golpe estas ahí y te sientes afortunada y agradecida, pero hay algo de relativizar. Lo importante sigue siendo el arte, y lo otro es purpurina alrededor.
Es muy fácil caer en buscar el reconocimiento. Además, yo veía una disonancia entre el efecto que estaba teniendo en la gente a mi alrededor y cómo yo me sentía respecto a mi trabajo, también por inseguridades que hay que trabajar, pero me costó mucho encajar eso porque me hacía sentir rarísima, como que les había engañado o algo así. Yo recomiendo que a quien le pase – y a quien no, también- vaya a terapia.



Texto por Fátima L.Ortiz
Diseño por Alfonso Gómez
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