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¿Para qué sirve actuar?

​Firma invitada
Jeroni Obrador
Dramaturgo, director y actor

Abril de 2026

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E

l dios de la guerra, Marte, cree que actuar sirve para dirigir el mundo sin que se vea que no es humano. Así empieza La guerra de las imágenes, la obra que comencé a escribir en 2004 y plantea una pregunta: ¿puede la actuación cambiar el mundo?

En 2007 interpretaba a Teodoro, de El perro del hortelano, en la ESAD de Córdoba, cuando tuve un brote de ansiedad extremo, el primero y el único de mi vida hasta hoy. Fue tan fuerte que cada día tenía que enfrentar un miedo distinto para no quedar atrapado en un bucle. Mi mente generaba fobias en cadena: persecuciones imaginarias, caídas de edificios… incluso llegué a ver a Sadam Hussein en Córdoba cuando vino el presidente de Pakistán. Yo lo vi. Y, sin embargo, entendí algo esencial: la mente puede producir imágenes con una potencia tal que desborda la realidad. Hoy lo leo como una metáfora del presente: vivimos rodeados de imágenes que desbordan nuestra capacidad de sostenerlas.

Interpretar, en ese momento, no me ayudaba. No me calmaba. No me sostenía. Tenía demasiadas heridas sin cerrar. Entonces tomé una decisión radical: antes que crear, tenía que recuperar mi cuerpo.

Me convertí en un investigador de la neurobiología de la emoción aplicada a la actuación

​​​El padre de una amiga me había dejado las llaves de una barraca frente al mar en una calita de mi pueblo, S’Almunia, para pasar allí unos días y descansar de tanto trauma vivido. Recuerdo salir a las rocas, levantar los folios y sentir que algo se había ordenado. Un auténtico deus ex machina: pasara lo que pasara, yo ya había cambiado. La técnica actoral dejaba de ser solo representación y se convertía en una herramienta para atravesar la emoción. Marte, queriendo ser actor, dejaba de dirigir el mundo para empezar a sentirlo y había convertido en humanos a los dioses al desobedecer a Júpiter.

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La obra se publicó el 16 de mayo de 2011. El día anterior había empezado el 15M: una forma real y masiva de ejercer lo comunitario y lo político desde la palabra compartida, fuera de los marcos tradicionales. Y entonces ocurrió algo que ningún plan podía prever: la obra se convirtió en acción. Se leyó frente al Ayuntamiento de Sevilla, megáfono en mano, durante casi dos horas, el día de la toma de posesión del alcalde Zoido, mientras desfilaban personalidades como Rajoy y la duquesa de Alba. De ahí pasó a redes activistas, prensa nacional e internacional, a Democracia Real Ya, a Occupy Wall Street, a Berkeley, a la Puerta del Sol, en el Museo Reina Sofía diez años después… Se tradujo a 17 idiomas el monólogo de Marte y la gente lo leía en redes en favor de valores y cultura.

 

Se leyó en plazas, en asambleas, escuelas, en teatros y, sobre todo, fuera de ellos. No porque fuera solo una obra, sino porque funcionaba como una herramienta de acción: un texto que permitía poner el cuerpo y la palabra en lo que estaba ocurriendo.

Necesitamos emociones físicas para construir un personaje y sostenernos como personas

Vivimos rodeados de imágenes que desbordan nuestra capacidad de sostenerlas

​​Había dejado Medicina por Teatro, por lo que me puse a estudiar neurobiología de las emociones y a investigar la técnica actoral como herramienta pedagógica. Sentía una necesidad imperiosa de sanar desde mi pasión.

Me quedé solo con tres asignaturas de tercero, pedí traslado a Sevilla y empecé a caminar cada día por mi querido Guadalquivir para respirar, observar y atender mi cuerpo sin la interferencia constante de mi psicología. Acudí al psiquiatra, el Dr. Conrado Engelhardt, que nunca me medicó, y que me pedía en consulta que abrazara un árbol imaginario. Años después entendí que aquellos llantos tenían también una base física: mi caja torácica estaba bloqueada por los golpes que me di el día que broté.

Empecé a reconstruirme desde ahí: desde el cuerpo, desde los cinco sentidos antes que desde lo mental. Yoga, taichí, técnica Alexander, clases de ópera con un maestro ruso. Horas caminando intentando que cada paso implicara todo el cuerpo. Inspirar, expirar en todas sus posibilidades. Poco a poco dejé de intentar controlar la mente y empecé a habitar el cuerpo. Me convertí en un investigador de la neurobiología de la emoción aplicada a la actuación. Con el tiempo entendí que era un territorio apenas explorado desde el teatro: los conceptos neurobiológicos que hoy manejamos no se consolidan hasta bien entrado el siglo XXI.

La técnica actoral dejaba de ser solo representación y se convertía en una herramienta para atravesar la emoción

Creo que hay algo fundamental que no se ha enseñado y esta obra expone: las emociones. Igual que necesitamos letras para leer o notas para componer música, necesitamos emociones físicas para construir un personaje y también para sostenernos como personas. Después vendrán los matices: los sentimientos, los estados de ánimo, las dramaturgias complejas. Pero sin ese abecedario corporal, el actor trabaja a ciegas. Y la persona tampoco puede leerse a sí misma: queda atrapada en patrones emocionales no elegidos que la atraviesan desde la infancia…

Lo digo también desde un lugar concreto: he entendido qué y por qué me pasó. Leer mis emociones ha sido la herramienta necesaria para leerme a mí mismo y a quienes me rodean, para comprender nuestras heridas. Y no es porque gestione mejor mi pensamiento o mi imaginación, sino porque he aprendido a volver al cuerpo, a escucharlo y a sentirlo.

Sí al teatro.

*Este año 2026 la convocatoria del 15 de mayo la puedes encontrar en el blog de Mayoglobal. #Síalteatro #Noalaguerra #15años15M

Jeroni Obrador
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