El teatro ha sido siempre ese lugar donde nos reunimos para sentir: donde se ríe, se llora y, a veces, se entiende un poco mejor el mundo. Un espacio de encuentro directo, sostenido en ese “aquí y ahora”.
En la actualidad, la comodidad de las pantallas y el acceso a catálogos inagotables e historias a un clic, ha cambiado el paradigma, y la lógica del consumo y lo inmediato muchas veces se impone.
Quienes llevan años sobre las tablas han tenido que adaptarse a este giro. Y, entre quienes empiezan, hay actores y actrices en plena formación que parecen más interesados en la cámara que en el teatro. Son, quizá, el reflejo de un sistema que prioriza la imagen, la visibilidad y los seguidores por encima del oficio.
Pero, junto a ellos, convive otra generación que pisa con fuerza los escenarios. Intérpretes que los defienden, que los respetan y que, pese a haber crecido entre algoritmos y tendencias, siguen sintiendo el tirón de las tablas. Funcionan como una bisagra: formados entre pantallas, pero fieles al temblor del directo, a esa realidad insustituible que solo ocurre en escena. Miran también hacia las raíces, incluso las más clásicas, y entienden el teatro como un lugar donde uno se enfrenta al error, al otro y a sí mismo.
De todo esto hablamos en Actores Actrices Revista con intérpretes como Carlos Cuevas, Nora Hernández, Néstor Rubio o María Gago que comparten una misma convicción: el teatro resiste.


Las redes sociales, la exposición constante, el ritmo acelerado de la visibilidad, la imagen por encima del proceso creativo… rigen las normas del juego muchas veces. El actor Néstor Rubio, que ha participado en montajes como Ifigenia, por el cual recibió una nominación a los Premios de la Unión, nos habla sobre cómo esto está desvirtuando un poco la profesión, ya que antes “ser actor suponía un coste vital importante, y eso hacía de filtro para saber si había una intención firme de dedicarte a eso”.
Sin embargo, como asegura, hoy en día con las redes sociales existe una “falsa idea de la actuación como instrumento para una vida más atractiva y fácil”.
Ante esto, defiende el papel indispensable de las escuelas de interpretación como un espacio de toma de conciencia: “Allí aprendes a escuchar a otros y a convivir, y eso choca con el individualismo que se fomenta en redes donde tú siempre debes diferenciarte y tener algo que decir, aunque no sepas el qué”.
En esa misma línea, Nora Hernández señala cómo las redes no solo influyen en la imagen, sino en el propio ritmo de la profesión. Nominada recientemente a los Premios de la Unión por La cena, lo resume de forma directa: “Hay una sensación de que, si no estás en redes, no existes”. Y añade una observación que se repite entre algunos compañeros: “Hay gente que solo quiere formarse para cámara y no le interesa el teatro”.
En tiempos de inmediatez y consumo exprés, el teatro sigue siendo una suerte de anomalía, que exige presencia, atención y entrega. Nora lo ve con claridad: “En un contexto de IA e inmediatez, el teatro puede convertirse aún más en un espacio único de conexión real, una experiencia viva y compartida”.
Néstor
Rubio
"El teatro es un lugar de libertad, y tenemos que reivindicarlo en el día a día, no solo cuando peligra".
"No hay que subestimar el teatro clásico porque funcionan series como Juego de tronos o sagas de superhéroes, que beben de las tragedias griegas".


Foto: Javier Mantrana
Foto: Paco Peregrín
En paralelo, María Gago aporta una mirada desde el teatro musical que amplía el mapa de esta generación. Para ella, el cambio no está solo en la manera de formarse, sino en cómo se consume y se entiende la ficción hoy: “Hay mucho más interés por la ficción en plataformas que por otros medios. Las redes sociales son un medio muy potente para transmitir, pero esa facilidad no es un reflejo fiel de lo que pasa por ejemplo en una sala de casting o en un rodaje”.
En medio de este panorama, Carlos Cuevas, que confiesa preferir mantenerse al margen de las redes y no buscar nunca su nombre, encuentra en el teatro un lugar de referencia constante: “Para mí, es el espacio más sagrado que conozco y es el lugar donde más aprendo”. Y añade: “En el teatro aprendo y en el audiovisual aplico lo que he aprendido en el teatro. El teatro sigue siendo más exigente física y mentalmente que el audiovisual”.
Esta generación ha crecido entre pantallas, pero sin quedar del todo absorbida por ellas. Son intérpretes nacidos en los noventa que funcionan como una unión entre quienes se formaron al margen de lo digital y quienes han crecido ya dentro de él. “Somos una generación bisagra entre el mundo previo a las redes y el actual”, explica Nora. “Aportamos frescura, mucha verdad y una gran admiración por la tradición teatral”.


En ese tránsito, como afirma Néstor, es necesario transmitir a las generaciones de intérpretes más jóvenes la necesidad de hacer comunidad: “Debemos tener consciencia de colectivo, compañerismo y tener memoria del esfuerzo que otros han hecho por nosotros, y responsabilidad por los que vengan”. Y remata con una idea sencilla pero contundente: “El teatro es un lugar de libertad, y tenemos que reivindicarlo en el día a día”.
Por su parte, María Gago subraya otra dimensión de esta generación: la versatilidad. “Hemos crecido con mucho acceso a la información aquí y ahora; venimos con mucha formación que nos hace muy versátiles y estamos más concienciados de la importancia de la salud mental en la profesión”. Y reivindica lo irrepetible del directo: “Hay algo imposible de replicar en el espectáculo en vivo; estar en un espacio en comunidad, la emoción del momento… es algo que ni la mejor de las IAs puede replicar”.
Nora
Hernández
"Somos una generación bisagra entre el mundo previo a las redes y el actual".
"Aportamos frescura y mucha verdad en la interpretación, junto con una gran pasión y admiración por la tradición y la artesanía teatral".


El teatro se convierte en un lugar donde el trabajo se construye en relación con otros, con el público presente y con el riesgo del momento. Como cuenta Néstor: “El teatro ayuda a conectar una sociedad consigo misma; hacemos nuestro trabajo para que sirva a otros”. De la misma manera, Carlos Cuevas plantea la dimensión pedagógica de la interpretación, pero también hacia los propios actores y actrices: “Nuestra profesión nos permite estar conectados con otras personalidades a través de los personajes y plantearnos si esas conductas nos representan o tenemos algo que decir sobre ellas”.
En ese cruce entre tradición y presente, estos intérpretes no plantean una ruptura, sino una continuidad en transformación. Ya en sus primeras experiencias tuvieron claro que el teatro supondría un punto de inflexión en la forma de entender la profesión. Por ejemplo, Carlos Cuevas recuerda su primer proyecto teatral con Clara Segura como un antes y un después en su carrera, por exponerle a un tipo de vértigo y de exigencia que no había vivido hasta entonces. Como él mismo resume, para hablar de sus grandes desafíos en la profesión siempre tiene que ir al teatro. Néstor Rubio, por su parte, agradece a Blanca Portillo por conectarle con el teatro, sobre todo en un momento en el que “dudar era muy fácil”, insistiendo en que “esto es pico y pala y no solo inspiración divina”.
No solo las redes y el consumo acelerado suponen un problema a la hora de enfrentarse a las dificultades de la profesión, sino también al público más joven y más dependiente de las tecnologías y las plataformas. Estos intérpretes nos aseguran el amor, la soledad, la identidad, el miedo o la desigualdad siguen siendo los mismos viejos motores, aunque cambien los códigos. Como María Gago apunta: “Siento que las obras que realmente les llegan son las que hablan de cómo se sienten ellos, las que ponen voz a las problemáticas de ahora. Al final la juventud lo que más anhela es sentirse comprendida”.
María
Gago
"Lo que la juventud más anhela es sentirse comprendida".
"La emoción del momento en un espectáculo en vivo es algo que ni la mejor de las IAs puede replicar".


Por eso, el teatro clásico sigue llegando a los espectadores. Nora Hernández lo explica de forma sencilla: “El teatro clásico puede acercarse trayéndolo al presente, con contextos y códigos actuales. Cuando se hace así, conecta mucho más”. Y Néstor pone un ejemplo clave: “Series de mucho éxito como Juego de tronos o sagas de superhéroes beben descaradamente de las tragedias griegas y la mitología”.
Bajo la premisa de que el teatro es reflejo de la sociedad y sus necesidades, a Nora le interesa hablar de lo que no se ha contado tanto, “especialmente historias de mujeres y luchas pendientes”, al igual que María Gago que plantea que “sigue siendo difícil encontrar dentro del teatro musical personajes femeninos cuyas tramas no se basen en un interés amoroso”. Como también explica Carlos Cuevas: “Muchas veces, cada generación tiene unos temas sobre la mesa que son comunes, y si formas parte de ese momento de la historia habrá una serie de temas que te tocará abordar interpretativamente”.
Más allá del brillo de los focos o la fugacidad del streaming, estos jóvenes intérpretes reivindican el teatro como un acto de fe y de comunidad, una forma de mirar el mundo y devolverlo, transformado, al público. Y en esa mirada, hecha de cuerpo, voz y verdad, se escribe el futuro de nuestras tablas.
Carlos
Cuevas
"Para mí, el teatro es el espacio más sagrado que conozco y es el lugar donde más aprendo".
"En el teatro aprendo y en el audiovisual aplico lo que he aprendido en el teatro".


Texto: Fátima L. Ortiz
Diseño: Alfonso Gómez
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