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La salud de TOM cruise, una misión imposible

Riesgos laborales

 

Por: Antonio Hernández

1 de octubre de 2017 /

Este verano sorprendía la noticia de que Tom Cruise sufría un accidente de trabajo. Sí, ha leído bien. Los grandes astros de la pantalla también se accidentan en el trabajo, como cualquier trabajador. Algunos no tienen tanta suerte como él, como fue el trágico caso del bailarín aéreo Pedro Aunión, también de este verano, del que se habló mucho e indigno a la profesión y que, probablemente, cuando se publique este artículo, ya se habrá olvidado. Lo cierto es que la estrella de Hollywood estaba rodando la sexta entrega de Misión Imposible en Londres y a pesar del arnés no llegó a alcanzar la azotea y se pegó un tortazo contra la pared, como si se tratase de un tebeo de Mortadelo y Filemón o al menos así parece en el vídeo.

 

Consecuencias, muchas. La primera para el actor que ha sufrido una fractura de tobillo cuyo pronóstico augura una larga baja. La segunda, que se tuvo que parar el rodaje de una carísima producción que cuesta al día la hijuela y con un exigente plan de rodaje para que el verano de 2018 reviente las taquillas. Plan que ahora se ha tenido que retrasar y que tendrá sus costes tangibles (la pasta que cuesta tener a los equipos inmovilizados o cambiar el plan de rodaje) e intangibles (la salud que si se pregunta a cualquiera no tiene precio, y puedo aventurarme que si se le preguntase a Tom Cruise respondería lo mismo).

 

¿Por qué un actor o una actriz pone en riesgo su salud? ¿Por qué un productor, es decir, un empresario, pone en riesgo la salud de lo que seguramente llama “el activo más importante” de su producción y por tanto de su negocio? Son preguntas que me asaltan siempre que leo frases del marketing cinematográfico como “No ha sido doblado en las escenas de acción.” O “Yo mismo he hecho la mayoría de las escenas de acción.” Como también llama la atención que se haga tanto hincapié en que después de que un actor o actriz se lesionase siguiera actuando, como se ha comentado en el caso de Cruise ¿Qué gana el actor o la actriz haciéndolas o retrasando recibir la asistencia sanitaria? ¿Qué gana la película, la serie o la obra de teatro? Seguramente nada y el público tampoco. Por tanto, es un mal marketing, vende algo que nadie necesita y pone en riesgo al trabajador del sector.

 

Estas escenas deberían estar reservadas a los especialistas. Aquellos profesionales que se pasan la vida entrenándose para hacer este tipo de escenas sin sufrir lesiones y saben las medidas que hay que adoptar y cómo utilizarlas. Y si, por motivos meramente artísticos, el actor y la actriz tuvieran que hacer la escena debería ser informado de los riesgos que tiene. Además debería ser formado/a y entrenado/a para hacerlas como si de un/a especialista se tratará. Claro está, siempre y cuando el riesgo no pueda ser eliminado, ni reducirse al mínimo la posibilidad de daño, de accidente de trabajo.

 

Todo lo anterior es conocimiento científico, lo que han aprendido los expertos en prevención de riesgos laborales (PRL) con la experiencia y la investigación. El hacerlo así es porque la ciencia ha descubierto que si no se puede eliminar el riesgo informar sobre ellos y formar en como evitarlos y protegerse frente a ellos es la mejor manera de garantizar la seguridad y la salud de los trabajadores en el trabajo, de todos los trabajadores, independientemente del sector. Conocimiento que, como ya se ha dicho en esta sección varias veces, se ha trasladado al ordenamiento jurídico europeo mediante directivas que todos los países de la Unión Europea (UE) posteriormente han traspuesto a sus legislaciones.

 

Reino Unido también la ha traspuesto, como miembro que todavía es de la UE, y, por tanto, la tiene que aplicar. Ley que protege la salud de todos los trabajadores en los lugares de trabajo europeos, tengan o no nacionalidad europea, incluso cuando trabajan para una empresa europea aunque el trabajo lo hagan fueran de la UE.  Por tanto, también protege el derecho europeo la seguridad y la salud del al norteamericano Cruise. Lo mismo que en España debería haber servido para proteger la seguridad y la salud de Pedro Aunión.

 

En 1970 el científico Heinrich estableció una pirámide según la cual por cada accidente mortal o grave, se producirían 29 accidentes leves y 300 incidentes (accidentes sin daños personales). Como indica el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT), organismo del Mnisiterio de Empleo y Seguridad Social español específicamente dedicado al estudio y difusión de la prevención de riesgos laborales, esta proporción dista de ser universal pero encierra una verdad. Y es que si se quiere reducir a cero los accidentes graves o mortales es necesario resolver las causas que pueden provocar los accidentes leves y las de los incidentes.

 

¿Es una misión imposible lo que se propone en el párrafo anterior? No. Si hay empresas de mucho mayor riesgo, como los sectores fabriles, que han conseguido el objetivo de accidentes cero ¿cómo no se va a poder conseguir en el sector de la interpretación? Para ello el empresario que contrata debe eliminar o evitar los riesgos que ponen en peligro la salud e informar, formar y proteger frente a los riesgos que no han sido eliminados ni pueden ser evitados. Los trabajadores también deben colaborar con él. Esto último significa seguir sus indicaciones para no correr riesgos innecesarios, pero también que si se observa un riesgo no controlado la obligación de informar, lo que siempre que sea posible se debería hacer por escrito, para que ponga en marcha las medidas necesarias para eliminarlo o controlarlo. Porque la seguridad y salud de Tom Cruise o de cualquier actor o actriz no son una misión imposible.

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